viernes, 16 de octubre de 2020

La política empieza a jugar sus cartas de cara al próximo octubre

Nota escrita por César Pucheta en La Nueva Mañana


En un clima marcado por la pandemia, los principales partidos políticos comienzan a imaginar el mapa electoral del 2021. Empuje nacional, desafíos locales y proyectos a largo plazo.

Aunque las urgencias sociales estén concentradas alrededor de otras preocupaciones, el armado político de cara a las próximas elecciones empieza a ocupar su espacio en el listado de las reuniones de los principales partidos políticos de Córdoba y el país.

Mediciones por lo bajo, encuestas a escondidas, sesudas operaciones mediáticas, quirúrgicas jugadas políticas, movilizaciones callejeras, marchas y contramarchas, estratégicos proyectos de ley y resonantes declaraciones públicas comienzan a ser parte del escenario cotidiano de un país que se esfuerza en imaginar un día a día sin la pandemia acechando en cada esquina.   

Para Gustavo Córdoba, lo que se vive por estas horas evidencia “una clara intención de instalar un clima electoral de modo anticipado por parte de la oposición”. “Son los más interesados en generarle un daño al Gobierno y lo están haciendo a partir de una radicalización discursiva que parece haber impregnado de modo transversal a todo el espacio”, dice a La Nueva Mañana. Reconociendo que, según los sondeos de opinión, “entre el 70% y el 80% de los argentinos prefieren un escenario con mayor presencia del diálogo”, el director de Zuban Córdoba señala que ese endurecimiento opositor se explica por “el temor a que le aparezca algo así como el Vox español”.

“La radicalización no sirve para sumar más votos sino que, a lo sumo, ayuda a fortalecer el caudal ya existente. Pero hay una derechización que claramente apunta a evitar que haya dirigentes como Espert o Milei le saquen algunos de esos votos para sumarlos a nuevos espacios”, que según Córdoba “pueden llegar a tener representación legislativa”.

Algo parecido entiende Marina Llaó, que ubica un punto de referencia inmediato en la movilización del 17 de agosto. “Con esa movilización quedó en claro la urgencia de la oposición por cooptar la escena y su corrimiento hacia formas más bolsonaristas de expresión, allí se comenzó a instalar una idea que se  intensificó este último 12 de octubre” advierte la referente de la consultora JWC.

Desde ese marco general, los armados se empiezan a discutir en Córdoba, uno de los territorios predilectos para la oposición nacional que se apoya en la escalada discursiva buscando repetir la experiencia de las últimas tres elecciones legislativas. En esa dirección dirige su análisis Llaó que, ante la consulta, considera que “el gran interrogante es ver qué es lo que va a pasar entre el Frente de Todos y Hacemos por Córdoba”, aunque entiende que eso “no va a mover el amperímetro” en torno al afianzamiento del electorado de Juntos por el Cambio en tierras mediterráneas.  

La danza de nombres de Juntos por el Cambio

El escenario de nacionalización electoral es el que mejor le queda a Juntos por el Cambio en una de sus provincias predilectas, su propio paraíso mediterráneo. Solo traspolando los números de los últimos comicios, en los que el resultado general fue claramente opuesto a sus intereses, el macrismo unido estaría en condiciones de sumar una banca  las cinco que pone en juego en la Cámara baja, ocupadas hoy por Brenda Austin, Diego Mestre, Soledad Carrizo, Gabriel Frizza y Héctor Baldassi.

En ese escenario, nadie duda que los escaños serán renovados en el Senado de la Nación, aunque lo que se deben discutir son los nombres. En la batalla interna, la referencia nacional habilitaría a que Laura Rodríguez Machado mantenga su lugar sin demasiados sobresaltos, el único problema es la cantidad de “nombres sueltos” que desde Córdoba pisan fuerte en la estructura de la alianza. Solo por nombrar, Oscar Aguad y Ramón Mestre son hoy dirigentes sin responsabilidades institucionales que podrían aspirar a ocupar espacios centrales en la disputa del 2021.

La discusión entonces parece centrarse en la sabrosa incomodidad que los ex oficialistas experimentan en Córdoba. Demasiadas referencias de alto calibre para un espacio que tiene la tarea de reinventarse como principal desafío de cara al futuro. Por ahora, nadie se anima a vaticinar que el bloque tiene chances de experimentar alguna ruptura, ni tampoco corre riesgos de una fuga de votos hacia algunas de las ofertas electorales disponibles en la provincia, a nueve meses de las primarias. Por un lado, las expresiones de la extrema derecha que disputan el voto antiperonista en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el territorio bonaerense y la televisión abierta no encuentran (todavía) su espejo mediterráneo; y, por otro lado, la estrategia de ligar a Schiaretti con el kirchnerismo ya no es discutida por casi nadie entre los potenciales votantes del espacio. Un simple paneo por las imágenes que llegan desde las marchas anticuarentena pueden servir para despejar las dudas al respecto.  

Hacemos por Córdoba y el traje del sucesor

En un escenario de tormenta perfecta, el oficialismo provincial parece volver a quedar preso de sus propias bases de existencia. Entrampado en medio de una discusión en la que las medias tintas no resultan demasiado atractivas, el cordobesismo se arriesga a perder una de las bancas que pone en juego en la Cámara de Diputados, con el antecedente de haberse quedado ya sin la representación que ostentaba en la Cámara alta.
Siguiendo un patrón de conducta que se repitió en las últimas dos elecciones de medio término, no resultaría extraño que el peronismo provincial avance en una estrategia que mire más al 2023 que al 2021. Con De la Sota como gobernador, Juan Schiaretti encabezó la lista en el 2013 y ganó la elección anticipando su triunfo provincial del 2015. Cuatro años después, el entonces vicegobernador Martín Llaryora fue el principal referente del oficialismo cordobés en 2017, con resultados diferentes pero con una proyección que lo sentó en el Palacio 6 de Julio dos años más tarde.

Con esos antecedentes, y despejando (por el momento) cualquier chance de alianza con el Frente de Todos, hay dos posibilidades que se imponen y que podrían convivir teniendo en cuenta que se discuten representantes para las dos Cámaras del Congreso. Ambas encuentran sus referencias en el seno del schiarettismo. En la primera de ellas, la lógica impone un nombre capaz de “probarse” el traje de sucesor, descartando (claro) la descabellada posibilidad de una candidatura “testimonial” de Llaryora.

¿Será el momento de probar electoralmente a Manuel Calvo? En caso de que esa resulte ser la decisión de Hacemos por Córdoba, y con el riesgo real de repetir el incómodo tercer lugar del 2019, cabría preguntarse si Alejandra Vigo estaría en condiciones de poner su nombre en la cabeza de alguna de las listas e intentar traccionar voluntades a partir de su propia figura. Vale recordar que en 2019, la mujer más fuerte del peronismo cordobés fue electa como legisladora provincial en representación de la Capital, aunque eligió quedarse en el Congreso hasta terminar su mandato, que vence el mismo día que el de su compañero de bloque Paulo Cassinerio y el de su compañera Claudia Márquez.

El desafío del Frente de Todos

En las filas del oficialismo saben que el principal objetivo de esta elección es sumar la mayor cantidad de bancas posibles para facilitar el trabajo legislativo, sobre todo en la Cámara baja, en donde las cosas se presentan actualmente más complejas que en el Senado. Para conseguirlo, el hombre clave del armado será Carlos Caserio, que tendrá la tarea de ampliar la base electoral del oficialismo nacional en Córdoba intentando mantener firme la unidad del heteróclito espacio en tierras mediterráneas.

Sin referentes locales con el peso específico como los que ostentan sus oponentes más directos, pero con el empuje nacional de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, los nombres de la lista cordobesa se discuten entre dirigentes provenientes de las distintas líneas internas del espacio. Allí, no solo debe evidenciarse una discusión en la que se pongan sobre la mesa los sellos partidarios (principalmente kirchneristas, massistas, viejos peronistas “descordobesizados” y nuevos radicales aliados); sino que también que deben analizarse los componentes sectoriales que se pondrán en juego en el armado definitivo. Buscando representar el amplio espectro dialoguista que propone el Presidente de la Nación, en las listas deberán convivir sectores del gremialismo, el empresariado nacional, el cooperativismo y el liderazgo territorial que representan los intendentes.

En ese esquema, Carro y Caserio podrían extender sus mandatos para garantizar los votos propios dentro del Congreso, aunque también podrían ceder sus lugares en pos de generar mayores consensos hacia adentro del espacio. El desafío es sumar al menos una banca en la Cámara baja, que será una mujer, y que añadirá su protagonismo al reto último de la elección de octubre: arrebatarle una banca al schiarettismo.  

 

lunes, 12 de octubre de 2020

Incidencia semanal del Covid-19 en la región centro

 Evolución de la incidencia de casos nuevos semanales de covid-19 en el centro del país. Se observa la "irradiación" desde el AMBA hacia el interior. Como si fuera una ola hay una disminución reciente de casos en el AMBA y un incremento en algunos lugares de la pampa húmeda. Entre julio y agosto emerge también como eje de mayor incidencia los departamentos de la autopista Buenos Aires-Córdoba. Entre agosto y septiembre se observa también un incremento en el centro de la provincia de Buenos Aires. Además se distinguen otros brotes dispersos, algunos resultaron contenidos y otros se extendieron a departamentos aledaños, incorporándose al crecimiento general de casos nuevos en la región.




domingo, 20 de septiembre de 2020

Salta, la fase 1, y la crisis de mortalidad de 1919




Salta Capital y toda su área metropolitana, además de una parte del norte de la provincia, vuelven al aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) como indica el DNU 754/2020, a partir de este lunes 21 de septiembre. El COE provincial informó el viernes pasado que en varios departamentos (actualmente Capital, Rosario de Lerma, Cerrillos, La Viña, Chicoana, Güemes, La Caldera, Orán y San Martín), entre ellos los más poblados de la provincia, la situación es muy crítica, y eso puede extenderse a toda la provincia en cuestión de días. La ocupación de camas de terapia intensiva se encuentra a la fecha cercana al 90%. El personal de salud es limitado, hay entre las y los profesionales de salud muchas licencias por contagios y el número de muertes viene creciendo.

Es un dato de la realidad que la pandemia avanza y azota las tierras de Güemes, y lo hace afectando principalmente a los más desprotegidos. No es la primera vez que una enfermedad arrasa y deja al descubierto la desigualdad, la ineficiencia del sistema sanitario y las grietas sociales existentes en Salta. En 1918 y 1919 hubo otra pandemia, de la llamada gripe española, y en aquel entonces Salta se caracterizaba por la fragmentación social, con una muy profunda desigualdad. Se podía hablar de una composición dual de la sociedad: por un lado, existía un grupo minoritario de élites dueñas de las tierras, de la administración del comercio y de los medios de producción en general; por otro, una mayoría de la población pobre y servil. Había además cierta presencia de inmigrantes recientes pero que representaban una proporción menor de la población, sobre todo en comparación al centro del país, y grupos dispersos en el territorio pertenecientes a diferentes pueblos originarios. Existían una gran cantidad de padecimientos epidémicos y endémicos, por lo cual las tasas de mortalidad en general, y en especial la infantil, eran altas. En 1919 los padecimientos se agravaron mucho más aún, a las epidemias y endemias se sumó la segunda oleada de la pandemia de gripe española generando una crisis de mortalidad (A. Carbonetti, Gómez, Torres; 2013)[1]Cuando confluye la gripe española con una serie de enfermedades como el paludismo, la peste bubónica, fiebres acompañada de lesiones en la piel y una diversidad de otras enfermedades infectocontagiosas (tuberculosis, gastroenteritis, etc.), se generó una crisis de mortalidad; esto es, un fuerte aumento de la tasa de mortalidad por encima de la habitual con un consecuente desplome de la tasa de crecimiento vegetativo hacia valores negativos[2]. Hubo entonces una reducción sensible de la población, murieron sobre todo niñas, niños, ancianas y ancianos.

Como hoy sabemos gracias a los estudios históricos y sociales sobre el tema, la principal causa de la alta mortalidad en 1919 en la provincia de Salta fue la introducción de la gripe española. Sería particularmente pertinente reflexionar hoy sobre los factores que permitieron en aquel momento el crecimiento desbordado de contagios. Recordar el pasado para corregir el presente.
 
A principios del siglo 20 en Salta las élites económicas tenían total control del Estado provincial, a la manera de gobiernos de familia. La producción azucarera, entre otras prácticas terratenientes como la minería y la ganadería, le daban a estas élites la oportunidad de acumular grandes fortunas y acaparar todos los beneficios políticos. En esta época, la provincia aún conservaba algunas cualidades de región de tránsito mercantil, pero transitaba una etapa de desplazamiento del flujo comercial hacia Buenos Aires y el Atlántico, lo cual la transformaría en una provincia de frontera, periférica, aislada en términos económicos y de infraestructura. Este nuevo esquema restringido, que se fue imponiendo en términos de la distribución de la riqueza, implantado en una sociedad excesivamente conservadora y tradicional, generó, además del aislamiento paulatino, una fuerte desigualdad social con impacto tanto en la educación (más de la mitad de la población era analfabeta) como en la salud. El sistema sanitario de aquel entonces era prácticamente “medieval”, sumamente insuficiente para la gran diversidad de enfermedades que debía atender. Según los testimonios de la época, la alta mortalidad infantil alcanzó a representar el 45% del total de defunciones[3]. A principios de 1919, el periódico Nueva Época denunciaba la preocupación por la alta mortalidad infantil asociada a un brote de peste bubónica y su avance en Chicoana, La Merced, Cerrillos y Rosario de Lerma (Nueva Época, 17/01/1919). En la noticia se exponía que la enfermedad había ingresado a mediados de diciembre del año anterior provocando una gran cantidad de muertes, y se alertaba que las y los enfermos se encontraban desamparados de toda asistencia médica, sin vacunas ni sueros. Las instituciones eran escasas y no podían atender a toda la población, por lo cual los privilegios políticos económicos y sociales daban ventajas a los sectores altos de la sociedad en el acceso a la atención médica, mientras morían quienes padecían de falta de alimentación y de deficiencias en las condiciones y hábitos de higiene, en particular, niños y niñas de hogares pobres (Nueva Época, 05/02/1919). Con el ingreso de la gripe española, a mediados de año, la situación empeoró mucho más y la mortalidad tuvo un crecimiento súbito[4].
 
La gripe española ingresó al país en 1918, su primera oleada ocasionó ese año una mortalidad no habitual para la época, en términos de muertes por gripe, de 2.237 muertos, en el cual la participación de Salta fue del 6% de los casos, es decir alrededor de 130 decesos. El año siguiente, el de la segunda oleada, la mortalidad por gripe en la Argentina se multiplicó por 5 y dejó un saldo de 12.760 muertes. De este total, unas 1.706 muertes fueron en Salta, el 13,3% del total nacional siendo que la provincia apenas contenía el 1,8% de la población del país[5]. Es decir que la mortalidad por gripe en Salta se multiplicó por 13 de 1918 a 1919, al punto de que en 1919 tuvo el valor relativo de mortalidad por gripe más alto de todo el país: 121 cada 10.000 habitantes, en contraste con lo que ocurría por ejemplo en Buenos Aires, donde se registraron apenas 4 y 7 decesos por gripe cada 10.000 habitantes en la ciudad y en la provincia respectivamente ese mismo año. A su vez, según la Dirección General de Estadística de la Provincia de Salta, la tasa de mortalidad total (no sólo por gripe) en la provincia tuvo en 1919 un crecimiento muy significativo, creció un 58% con respecto al año anterior, siendo ya alta en 1918: pasó de 26 cada 1.000 a 41 cada 1.000 habitantes. Esto quiere decir que en 1919 falleció el 4,1% del total de la población salteña, una de cada 24 personas. Este notable incremento de la mortalidad total, sumado a la carencia de médicos y la falta de instituciones sanitarias, hacen verosímil suponer que la gripe impactó en la mortalidad de la población aún en mayor medida de lo que expresan los datos oficiales.
 
La mortalidad de la gripe española empezó a crecer en el mes de mayo de 1919, al punto de que se estima que en ese mes el 60% de las muertes en la ciudad de Salta habrían sido consecuencias de la gripe (Nueva Época, 03/06/1919). Habría comenzado en los cuarteles, y rápidamente se trasladó y se ensañó con la clase pobre de los suburbios de la capital y del interior donde las condiciones de vivienda facilitaron mucho su propagación. Pese a la solidaridad de los médicos, que según testimonios de la época atendían gratuitamente a quienes no podían pagar la atención, la crisis de muertes fue en algún punto infranqueable; la falta de asistencia y de insumos para el tratamiento son parte de la explicación[6]. En algunos puntos del interior de la provincia la situación fue catastrófica: la disminución de la población de Chicoana fue significativa, en Orán hubo cadáveres insepultos durante semanas (Nueva Época, 04/06/1919), en San Antonio de los Cobres (en ese entonces capital del Territorio Nacional de Los Andes) se enfermaron 4 de cada 5 personas (Nueva Época, 07/05/1919). La tasa de sobremortalidad (definida como el exceso en la mortalidad total del año 1919 en relación a la mortalidad promedio del período 1917-1921) fue mayor en los departamentos pobres del interior salteño, especialmente aquellos ubicados en la zona oeste de la provincia, los cuales eran departamentos con escaso desarrollo económico y con una economía de subsistencia para la mayoría de la población, con las mayores tasas de analfabetismo y en los cuales prácticamente eran inexistentes las instituciones y médicos a los cuales acudir. El departamento de San Carlos, en los valles calchaquíes, fue el que más sobremortalidad tuvo; se triplicó la tasa en relación con la mortalidad promedio, llegando a 60 cada 1.000 habitantes (una sobremortalidad de 39 cada 1.000, DGEPS; 2012), lo que indica que el 6% de la población, uno de cada 17 habitantes, falleció ese año. Otros departamentos con muy altos índices de sobremortalidad, aquí expresados cada 1.000 habitantes, fueron Santa Victoria (30), Cerrillos (31), Molinos (28), Cachi (27), La Viña (24), Guachipas (20) y Campo Santo (21, hoy departamento General Güemes). En los 5 primeros departamentos de esta lista la mortalidad de 1919 fue el doble o más que la mortalidad promedio.
 
Por otro lado, además de las condiciones de pobreza de la mayoría de la población, es importante destacar que la reacción social que hubo frente a la pandemia de la gripe española también fue un factor impulsor de los contagios. Al igual que en la actualidad, donde parte de la sociedad reacciona frente a la expansión de la enfermedad covid-19 desafiando las recomendaciones médicas y atacando las medidas propiciadas por la autoridad gubernamental tanto nacional como provincial, congregándose en marchas anticuarentenas organizadas por la oposición política desde la redes sociales, en 1919 también hubo manifestaciones populares contra las medidas que desde los sucesivos gobiernos se pretendían imponer a los fines de combatir la propagación de la epidemia. Estas manifestaciones, entonces como hoy, finalmente contribuyeron a la propagación de la enfermedad. En aquel momento, la mayoría de las manifestaciones sociales en Salta fueron procesiones religiosas (Carbonetti, Rivero, Herrero; 2014)[7] pero también reuniones sociales organizadas por las élites. Los sectores altos de la sociedad salteña pensaban que la gripe española no los podría alcanzar por su estatus social, mientras que la iglesia, que cumplía un rol político central, y sus fieles, seguían recurriendo a viejas prácticas como formas de protección frente a la enfermedad a partir de atenuar la ira divina[8]. Estas manifestaciones fueron en su mayoría abiertamente en contra de las medidas que imponían los gobiernos, y se convocaban desde la prensa sin que hubiera ningún tipo de represalia. Como plantean Carbonetti, Rivero y Herrero, toda epidemia es un hecho disruptivo, y no en términos estrictamente biológicos[9]. Comienzan a sucederse determinadas acciones sociales que impactan en la vida cultural, económica y política, detonando una ruptura en la cotidianeidad que es además potenciada por las medidas que desde el Estado se imponen para combatirla. En palabras de estos autores, si bien la epidemia en sí misma genera una crisis a partir del temor que origina en la población, el desequilibrio se acentúa en el marco del desarrollo de políticas públicas tendientes a luchar contra la dolencia y de respuestas sociales frente a ellas[10].
 
Hoy, Salta enfrenta el desafío de aprender de su historia para no hacer de este hecho disruptivo una nueva crisis de mortalidad como la sucedida en 1919. Entender la dimensión del riesgo no solo depende de tener memoria histórica sino también de conocer el presente: la pandemia de covid-19 ingresó a la provincia en un escenario sanitario complejo. Si bien la situación no es idéntica a la de hace un siglo, ya que algunas enfermedades (como la peste bubónica o la tuberculosis) ya no tienen brotes endémicos, y el sistema sanitario ya no es arcaico pues hubo lo que se denomina una transición epidemiológica, prevalecen otras enfermedades cuya superposición a la nueva pandemia incrementa el riesgo de vida, ya sea por falta de atención o por comorbilidad. Repasemos algunas situaciones actuales. A principios de mayo de este año, cuando la circulación de covid-19 empezó a crecer en la provincia, se informaron más de 5.100 casos de dengue[11] en lo que iba del año. Además de ello, otras infectocontagiosas como paludismo, cólera, salmonella, entre otras, están lejos de ser erradicadas y han mostrado mayor prevalencia en los últimos cuatro años. La vacuna contra la gripe A empezó a ser colocada masivamente recién en abril de este año, pese a que la enfermedad llegó en el 2009, y la campaña de vacunación está lejos de cubrir el total de la población de riesgo. Se suman al cuadro de situación los problemas propios de la pobreza - la desnutrición, la falta de acceso al agua, malas condiciones de hábitat, etc. -; como también la fuerte incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) en la población general. En octubre del 2019, es decir 6 meses antes de que se introduzca el covid-19 en Argentina, el INDEC informó que el 32% de los hogares salteños son pobres, y la indigencia llegaba por entonces al 8% de la población provincial, cifras que superan ampliamente la media nacional. A la fecha, además, según los medios locales, la cifra de niñas y niños muertos por desnutrición superan los 35 casos reportados en lo que va del 2020. Así mismo, según la 4ta encuesta nacional de factores de riesgo (2018), cerca del 28% de la población provincial de entre 5 y 65 años tiene precondiciones de salud regular o mala a causa de las enfermedades crónicas no transmisibles.
 
La yuxtaposición de factores como un sistema sanitario escasamente previsto para darle combate a la pandemia del covid-19, un sistema político provincial que improvisa en la aplicación de medidas, una sociedad escindida en lo social tanto como en lo económico y en la cual sobresalen las marchas de intolerancia política en contra de las medidas públicas de cuidado, y sumado a la preexistencia de otras epidemias y endemias, todo esto en conjunto describe un estado de situación socio-político y sanitario sumamente delicado. Lo cual permite inferir que las y los salteños enfrentan fehacientemente la amenaza de atravesar próximamente una catástrofe como lo es una crisis de mortalidad. Crisis así, por covid-19, ya sucedieron en lugares como Lombardía, Guayaquil, Lima o Manaos, por mencionar solo algunos. Por lo tanto, si se espera mitigar esta crisis en puerta, la respuesta social deberá ser de ahora en más inquebrantable y unívoca: respetar las medidas recomendadas, permanecer en aislamiento el mayor tiempo posible y reclamar con firmeza urgentes medidas sanitarias, como un aumento de la cantidad de personal médico en áreas donde hay circulación viral, provisión de un mayor número de camas, y ambulancias para asistir a los casos que presentan síntomas de mayor gravedad. De lo contrario, la crisis de mortalidad de 1919 dejará de ser una experiencia olvidada para ser el antecedente más cercano de un presente insoportable.
 
           
    
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

[1] A.C.A. Carbonetti, N. J. Gómez, V. E. Torres; La gripe española y crisis de mortalidad en Salta, Argentina.
A principios del siglo XX - Revista HistoReLo; Vol.5, No.10/julio-diciembre 2013; ISSN: 2145-132X              
[2] Ídem
[3] Araoz, Ricardo. 1916. Consideraciones sobre las estadísticas demográficas de Periódico La Prensa, 17 de mayo de 1919 en la provincia de Salta. Salta: Escuela Tipográfica del colegio Salesiano “Ángel Zerda”.
[4] Ídem 1
[5] Tercer Censo Nacional, 1914.
[6] Ídem 1
[7] A.C.A. Carbonetti, M.D. Rivero, M.B. Herrero; Políticas de salud frente a la gripe española y respuestas sociales. Una aproximación a los casos de Buenos Aires, Córdoba y Salta a través de la prensa (1918-1919) - Revista Astrolabio, Nro 13, 2014
[8] Ídem 8
[9] Ídem 8
[10] Ídem 8
[11] https://www.pagina12.com.ar/266785-los-casos-de-dengue-en-salta-casi-duplican-la-campana-anteri


domingo, 23 de agosto de 2020

#SocialCooke con @ShilaVilker - parte política nacional

Invitamos a Shila Vilker a conversar por IG Live con Marina Llaó sobre diferentes temas, compartimos una parte de la charla, el video completo podrán encontrarlo en nuestro canal de YouTube.







Marina: Estamos mirándolas encuestas, lo que circula lo computamos y lo pensamos en conjunto. Observamos que hay opinión, la gente responde menos “no sé”, por lo cual podemos decir que estamos frente a una gestión muy plebiscitada, que todo el tiempo está siendo interpelada a rendir cuentas. Hay más involucramiento en los temas políticos por parte de la opinión pública, no hubo descanso, ni luna de miel de 100 días, sino directamente puesta en escena de las demandas y evaluación permanente de satisfacción de todas esas demandas. Se entiende que, por esta situación, dramática e inusual, que es la pandemia, las personas han estado efectivamente más enganchadas, informándose, como también con más tiempo para responder encuestas. Por otro lado, observamos que la gestión del presidente Alberto Fernández, desde que empezó la pandemia, la valoración de su imagen y de la imagen de la gestión siempre estuvieron atadas a las medidas de combate a la pandemia. Es decir, no hubo hasta ahora ningún desacople entre la imagen presidencial y las medidas, el paquete general, de combate a la pandemia. Ambas variables suben o bajan siempre en coordinación. Y eso es interesante porque el presidente alcanzó niveles insólitos de aprobación de su imagen, nunca vistos. Tenemos colegas que llegaron a medir hasta 93 puntos de aprobación, margen de error más, margen de error menos, esto es sorprendente porque es prácticamente el absoluto. Dato insólito, además. Sin embargo, esto podría cambiar, si bien últimamente ambas aprobaciones, las de medidas de combate a la pandemia y la imagen de Alberto, vienen descendiendo, también es cierto que puede repuntar una sin la otra. Es decir que pueden desacoplarse, sobre todo a partir de que cada vez más, y este dato por ahora es solo cualitativo, la responsabilidad por los contagios se traslada del Gobierno a la sociedad en su conjunto. También los gobernadores empiezan a estar más bajo la lupa de esta evaluación. 


Shila: Es muy interesante, creo que además de las medidas, lo que hay que mirar ahí es el tipo de emoción, el tipo de sentimiento que predomina en cada etapa que vamos cursando en la pandemia. Hubo un viraje, al principio había un ordenador primario de esa adhesión que tenía que ver con el miedo, que se dio lugar a otro fenómeno. Ese momento bastante anómalo, nosotros medimos la figura de Alberto en torno a los 80 puntos, que también me parece bestial porque a eso se llegó también con voto opositor. Fue extraño, tan extraño que cuando volvió a aparecer la grieta, apareció como pregunta ¿vuelve la grita? Como si hubiéramos estado viviendo en un país sin grieta. Esa adhesión, esa aprobación de ese primer momento, tiene que ver con esa dimensión profundamente humanista que lo que nos devela es que en definitiva la ciudadanía reclama cosas de sus representantes. Y en ese primer momento la demanda colectiva era “vamos a cuidar la vida”. De hecho, muchos de los que hoy reclaman más economía que salud, en algún momento variaron en estos cinco meses, no es que estuvieron siempre con la economía. El fenómeno de que se empieza a invertirse los órdenes y hay mayor demanda de preocupación de la economía es muy reciente, de este mes. En cambio, en el momento del surgimiento de la pandemia el miedo fue un gran articulador, un hacedor de vínculo directo entre el líder y la ciudadanía. Un caldo de cultivo que llevo el vínculo de la ciudadanía con la política a una dimensión esencial: proteger la vida. Luego eso en algunos cedió más que en otros. Por eso me parece que hay que meterle una vuelta de tuerca más, porque fueron evolucionando los sentimientos prioritarios que se despiertan frente a la propia situación, tan anómala, que estamos viviendo. 


Marina: Es muy interesante incluir la dimensión de las emociones y los sentimientos porque de hecho, hasta ahora es la única que permite explicar algunas cosas. Por ejemplo, la marcha del #17A es más plausible de etiquetar emocional que racionalmente.  En términos de racionalidad o de articulación de demandas no se ve algo claro. Estas marchas opositoras son anímicas, y eso no lo digo para relativizarla, sino como preocupación por el tipo de afecto que se pone en juego. Y más aún, porque se hace en poniendo en peligro la salud marchando en contexto de pandemia.


Shila: Coincido plenamente, si lo ves desde una perspectiva anímica se podría decir que el enojo le ganó al miedo. La rabia le ganó al miedo y al anonadamiento que había.  Vos hablas de lo anímico y si, claramente, allí aparece una idea: la del odiador como una figura política, o, mejor dicho, el “hater” - que es más digerible, menos virulento -  Es cierto que hay una expresión fuerte puesta en juego y que lindan el odio. De hecho, en muchos casos se expresan en ese sentido. El hater como etiqueta aparece, aparece la palabra “odio”, la ves de modo directo y en distintas manifestaciones. La emocionalidad, sin lugar a duda, fue un ABC del #17A. 


Marina: Esto da para pensar entonces, si vuelve la grieta, si es la grieta tal cual la conocíamos antes o vuelve otra cosa con este componente. Este discurso mucho más radicalizado que instala un estado de movilización permanente en la cabeza de algunos sectores es una postura mucho más extrema, menos dialoguista, más virulenta. Por lo cual parece que la grieta esta como “corrida”, más hacia la derecha, por situar un espacio. Lo que quiero decir es que las cosas han ido más allá, a los mensajes de odio no los asocio tanto con las manifestaciones anti-kirchneristas del 2014 como si, en cambio, con las que sucedieron en Brasil en apoyo a Bolsonaro, por el dato de que tienen un líder nítido y un mensaje más radicalizado. Creo que hay un proceso de bolsonarización de algunas expresiones políticas que hacen que esta estructura de grieta sea otra cosa. Para un lado y para el otro. Porque para el otro lado encontras que la base de apoyo con la que cuenta hoy el gobierno no es idéntica a la misma con la cual partió, no es idéntica a la base electoral del 2019. Por ahí numéricamente coinciden hoy la medición actual de aprobación de gestión con la de principios de la gestión, pero es una coincidencia numérica, la composición de ese número cambió. Es decir, veo una coincidencia numérica, entorno a los 59-62 puntos, pero una composición del apoyo cualitativamente distinta. Algo se fue, y algo se sumó.  Me animo a decir que la grieta, entonces, no es la misma, primero por sus interlocutores, cambiaron, no es lo mismo Alberto que Cristina, ni Horacio que Mauricio, no solo los sectores que sostienen la tensión cambiaron, también cambiaron los liderazgos. Y después porque hacia adentro del apoyo al gobierno tenes hoy votantes opositores como también personas que no se identifican ni se sienten cercanas a la política o a los sellos partidarios. 


Shila: Acuerdo que cambia la demanda o pudo haber cambiado la base de sustentación del presidente, por un lado, perdió un poco de su electorado 1 de cada 10 de sus votantes hoy no ven con buenos ojos el gobierno de Fernández, eso representa una novedad, no había pasado hasta ahora nunca, es un dato nuevo, aparece recursivamente, por lo cual podemos pensar que la cosa empieza a armarse así. Ponele que haya que preguntarse quienes son los que se comportan de este modo, es gente que claramente fue a las urnas con una demanda electoral distinta. Y después tenes claramente partido el segmento del consenso federal. Eso se parece bastante al escenario pre-pandemia, la pregunta es quienes son, quien es ese 10% de votantes del espacio que hoy no está acompañando. Creo que ahí se mezclan varias cosas, hay que estudiarlo en profundidad, la data cuantitativa por ahora no te abre como para identificar qué es lo que tenes ahí. Si tuviera que jugármela diría que tiene más impacto la cuestión económica, la incertidumbre económica de los segmentos medios y bajos que habían sido un espacio de acompañamiento fuerte pero que hoy pueden estar tensados entre acompañar y la preocupación inmediata por el mañana, los que tienen más el dilema por sobre llevar la vida. Creo que ahí aparece un poco el malestar y el enojo de una parte del votante de Fernández, pero me cuesta ver el cambio grueso que vos marcas. Yo no estoy terminando de ver el cambio sustancial. 


Marina: Es probable que no sea sustancial, por ahí una clave es poner un poco más el ojo en los que no hablaban de política y por esta situación de pandemia, de estar en casa, empezaron a hablar más. Que también lo hemos pescado más en las encuestas últimamente. Hay una nueva opinión respondiente, los “ningunistas” como les decís vos, que no son pocos. Me refiero a quienes no se sienten identificados ni cercanos a ningún sello político, aquellos que hablan poco o nada de política, que nunca antes te respondían una encuesta.  Creo que ustedes tienen una medición en la cual los ningunistas son el 20-22% del electorado, es decir, no son pocos. Pueden ser el joven que recién se incorpora al sistema electoral, personas indiferentes que ahora se involucran, y también aquellos que ya, con el lanzamiento de Cambiemos, se empezaron a interesar en participar u opinar más. Recordemos que Cambiemos tuvo la capacidad de no pedirle tanto al ciudadano de a pie para involucrarlo en política, solo pedía querer cambiar y no apoyar lo otro. Hoy eso es distinto, Juntos por el Cambio le pide mucho a su base, desde el vamos están en movilización permanente, toman la calle, se apoyan en la historia, construyen su relato desde ahí, y eso deja a esa porción electoral más suelta porque no suele poner tanto el cuerpo. Creo, además, que aparece una nueva forma de politización, que tiene que ver con otra forma de armado de agenda. Más vinculada a agendas de tipo melding, que no es la bajada de la agenda setting por parte de los medios, sino una agenda que se construye por grupos de intereses específicos, como células de interés que motorizan acciones públicas, en las cuales se pueden agrupar cosas muy diferentes. En ese sentido me parece importante la radiografía al ningunista actualiza a la espiral del silencio, que se definía como una mayoría invisible que siempre inclinaba la balanza hacia el discurso más institucionalizado, que acompañaba siempre lo más dominante por efecto arrastre. Hoy esa espiral del silencio está fraccionada, en células o nichos que tienen particularidades. Esto complejiza mucho la interpretación del ningunismo, y más aún el pronostico de los escenarios políticos. Por eso no termino de descartar que la base de apoyo al presidente es otra, porque hay nuevas formas de participación y construcción de la agenda.


Shila: interesante pensar también quienes fueron a la marcha quizás están en punto de quiebre. Aquellos que necesitan levantar la persiana de su negocio, por ejemplo, es sumamente entendible. Esta cosa de ir todos los días al negocio, levantar la persiana, tomarte el colectivo diario… todo eso es algo que tiene un peso y es claramente una demanda. 


Marina: Pero en la marcha del #17A se corrió un riesgo de salud grave. Me parece que hay que cuestionar el peso de los hábitos, del automaton, en una pandemia. Además de eso, hay otro riesgo que es el desprestigio de oponerse a una política de cuidado de la vida, es dar una batalla algo cortoplacista. Las persianas se van a volver a abrir algún día y lo que te queda como saldo de tu lugar en esta historia es que saliste en un momento muy inoportuno, que le pediste a tu electorado que corra riesgos muy grandes, y que las decisiones no pasaban por ahí. Con esto quiero decir, francamente, que veo a la oposición decidiendo muy en caliente, jugando el partido corto. 


Shila: Más que criticar la manifestación me despierta una curiosidad fenomenal de pensar qué es lo que le pasa a un montón de personas que se exponen, en una situación de pandemia, a un posible contagio. Que grado de enojo hay ahí para correr ese nivel del riesgo, y cuan roto están los vínculos con las instituciones y con los líderes también, al punto que se desconfíe o se ponga en cuestión hasta la existencia de la pandemia. Me pregunto que está pasando porque realmente hay acá algo, más allá de la trama de discusiones sobre si solidaridad si o solidaridad no con los médicos, hay una situación que es efectivamente de riesgo en la cual se viene desaconsejando en todos lados salir, y sin embargo hay manifestaciones en todas partes del mundo. Estas manifestaciones te están mostrando que hay una situación o demanda de poder de expresarse, como si hubiese una cosa media pendular entre el encierro y el salir a la calle. Es cierto que para el gobierno no solo se trata de un riesgo sanitario, sino también de un riesgo sanitario que en quince días explota y se transforma en un problema político, sin lugar a duda. Esa secuencia la tenes. Ahora, como analista, lo que hay que preguntarse es ¿qué pasa ahí que hay esta necesidad de expresar tan duramente las opiniones, de hacerlo, aún, exponiendo la salud? Tenes un fenómeno raro que hay que entender. A mi me abre más la incógnita que cualquier otra cosa. Otra cosa que me parece, que va a asociado a esto, es que la oposición empieza a encontrar su propia narrativa, sus anclajes discursivos, y estos se empiezan a demostrar eficientes en términos discursivos como un call to action. Ahí hay un fenómeno de que la historia funciona, que las consignas funcionan.


Marina: Pero en términos de narrativa de la oposición ¿Qué vemos? Acá hubo construcción de efecto de multitud a partir de la medición de audiencia y un uso de instrumentos, como son las redes sociales, radicalizadores por excelencia. Por la forma en que están planteados, lo cierto es que el resultado es una aceleración de los procesos como el odio político. Me parece que hay que incluir eso en la pregunta por la narrativa, porque hay un papel en la articulación de esas demandas, no solo porque radicalizan sino porque la instalan. Y eso no es menor porque la mediación tecnológica agrupa causas con menos coherencia argumental que cadena de sentidos o cadenas equivalenciales que articulan los discursos hegemónicos. Aquí sucede otra cosa, que no es estrictamente una articulación entre elementos equivalentes, sino que hay un conjunto de planteos completamente distintos entre sí, que se anexan por coexistir en el mismo entorno, pero no tienen una articulación de sentido por detrás. Esto es otro fenómeno diferente a la articulación discursiva, que tenemos que pensar, principalmente por lo que genera, su vida útil como narrativa política, entre otros temas asociados.


Shila: tengo la impresión de que hay una línea, por supuesto que los medios juegan, es un poco simplificadora mi frase, pero me parece que las cadenas de equivalencias siguen funcionando. Hay un modo en el que se construye esa dinámica oposicional a partir de dos o tres ideas madres que son las que dan sustento a unas y otras lógicas de equivalencias. En la lógica de equivalencias estas se requieren mutuamente y me parece que esa lógica equivalente sin lugar a duda se ancla sobre un sistema de similaridades, semejanzas o campos semánticos. Sin por eso simplificar la escena. A lo que voy es que las líneas de fuerzas siguen operando. Eso, por un lado. Por otro lado, la política también es capricho, prejuicio, insensatez y esas cosas también hay que ponerlas dentro de los fenómenos narrativos de una sociedad. Los fenómenos de reflexión en el sentido de reflejo, de contra qué nos vemos, cómo nos vemos. Toda esa dinámica, y por supuesto la televisión es un gran espejo, caleidoscopio, que se componen de muchas pantallas. Ahí lo que te digo es que, cuando lo llevas a un terreno de líneas de fuerza, efectivamente encontras que los medios son grandes ordenadores de esas dos líneas de fuerzas, de esas dos narrativas que te ordenan hoy la grieta. ¿Alcanza solo eso para explicarlo? Me parece que no.


Marina: ¿Y cuál es la narrativa de la oposición? ¿Es nuevamente el cambio? ¿es el anti-kirchnerismo?


Shila: Es una narrativa basada en dos pilares donde la oposición se cuenta a si misma. Donde cuenta la discusión interna, establece ese juego de tensiones entre los duros y los blandos, los alcones y las palomas, los patos y los horacios. Donde la propia narrativa de esa disputa te permite llevar adelante un cuentito cotidiano. Por otro lado, en esa dinámica lo que va sucediendo es que alguien se va posicionando, y en este caso ese alguien sin dudas es Horacio. Creo que esa narrativa entre los duros y los blandos, los dialoguistas y los extremos es algo que ya empezamos a ver, que cada vez se va a ver más, que es ocupar centimetraje mediático en base a esa discusión. Porque además hace que el oficialismo salga a disparar al ala dura, que es la que lo termina acorralando, lo cual deja indemne la figura del medio. Esa narrativa me parece que es peligrosa para el gobierno porque encontraron un lugar que terminó siendo como una especie de copamiento del tablero mediático complicado porque empujan al oficialismo a un winning de la disputa que pone en escena todo el tiempo que somos el centro, o somos el extremo. Creo que ahí hay un ejercicio narrativo fuerte que se va a complementar con otra cosa que es el parricidio, en el sentido figurado, que tiene que hacer Larreta a futuro cuando le dispute el poder a Macri. Falta ese capítulo y va a ser absolutamente imperdible. Y más allá de la dificultad o no dificultad de cómo se de eso, el dato es que hay materia narrativa y en la puesta en escena de esas narrativas se forjan construcciones identitarias, contando como es que llega un candidato a un lugar.


Link al vídeo de la charla completa



viernes, 21 de agosto de 2020

Imagen presidencial y apoyo a las medidas de combate a la pandemia. Pool de encuestas en serie cuatrimestral.

Realizamos un nuevo pool de encuestas que preguntan, de manera comparable, la aprobación de la imagen del presidente y el apoyo o confianza en las medidas de combate contra Covid-19  (ver más abajo la tabla).

A continuación compartimos un diagrama de dispersión animado en el cual se cruzan la aprobación de las medidas contra la pandemia con la imagen del presidente con mediciones del último cuatrimestre. Los datos fueron extraídos de diferentes encuestas de alcance nacional, que aplican diferentes métodos de medición (ver nota al pie). Cada punto del diagrama representa una encuesta, el punto de cruce de estas dos variables con sus respectivo margenes de error. Las mediciones se encuentran condensadas mediante un índice llamado Net Promoter Score (NPS: promotores menos detractores dividido el total de encuestados con opinión). Un NPS por arriba de 0 es “Bueno”, mientras que uno por arriba de 50 es considerado “Excelente”. Obsérvese que, según la mayoría de estas encuestas nacionales, tanto los niveles de conformidad con las medidas preventivas como la imagen del presidente tuvieron excelentes niveles de aprobación durante abril y mayo, que luego bajaron a buenos niveles durante junio y julio, incluyendo algunas mediciones al borde de un NPS que podríamos considerar “Regular” .



















Se corrobora que la imagen presidencial está atada a las medidas de combate a la pandemia, o al menos lo estuvo durante casi todo este periodo cuatrimestral. Obsérvese en la animación que la dinámica va en descenso y hacia la izquierda; es decir que ambas cosas bajan juntas en casi todas las series de mediciones. Esto es señal de que la respuesta social frente al conjunto de medidas de cuidado incidieron de manera determinante en la valoración de la imagen de Alberto, como también de la gestión.

Sin embargo, hay que destacar que por métodos cualitativos se detecta cierto desplazamiento significativo de la responsabilidad por el aumento de casos hacia la sociedad en su conjunto, y que los riesgos de saturación del sistema sanitario implican una percepción de la responsabilidad del gobierno nacional cada vez más compartida con los gobiernos provinciales. En algunas encuestas de fines de julio y de agosto, en el ámbito nacional (como la arriba ilustrada de Analogías) y en el AMBA, se midió un repunte de la imagen de Alberto, mientras que la valoración de las medidas de combate a la pandemia sigue cayendo consistentemente, lo cual parece inaugurar una nueva etapa de una imagen presidencial menos condicionada por la situación epidemiológica, quizás fundamentada en las expectativas que despiertan la negociación del canje de deuda y el anuncio de la fabricación de la vacuna contra el Covid-19 en Argentina. Habrá que esperar para confirmar esta tendencia, la observación general (pool) indica que las diferencias entre las mediciones se vienen agrandado en los últimos meses, por lo cual la confirmación de la hipótesis de desacople requerirá de tiempo y de nuevas y diversas mediciones.



NPSErrores estadísticos
Encuestas de opinión nacionalesFecha de último día de campoEvaluación de las medidas contra el Covid-19Imagen de Alberto FernandezEvaluación de las medidas contra el Covid-19Imagen de Alberto Fernandez
Giacobbe 03-202027/0383.4056.201.782.20
CIGP 04-202002/0480.8070.512.352.94
Rouvier 04-202002/0477.7526.973.062.03
Analogías 04-202010/0484.3373.681.022.13
UDESA 04-202021/0473.2048.942.372.61
Circuitos 04-202026/0461.2055.412.972.88
Giacobbe 04-202029/0453.2526.732.141.33
Rouvier 05-202003/0562.1225.842.331.95
Plebs 05-202006/0575.2642.552.342.48
Analogías 05-202008/0576.2366.231.322.20
Giacobbe 05-202029/0531.8015.231.570.81
CIGP 06-202030/0540.4150.012.923.28
Rouvier 06-202002/0659.2322.142.301.71
Raúl Aragón 06-202003/0662.7243.151.561.76
Giacobbe 06-2020 117/0624.478.111.230.44
Analogías 06-202021/0652.8851.781.542.11
Giacobbe 06-2020 201/0717.524.600.920.27
Rouvier 07-202002/0751.5317.092.311.35
UDESA 06-202009/0729.2917.021.761.17
MyE 07-202010/0729.299.092.640.87
Giacobbe 07-2020 115/715.093.530.800.22
Analogías 07-202025/0742.8958.051.401.49
Giacobbe 07-2020 229/0714.152.130.750.15
Rouvier 08-202003/0846.2716.112.301.27
Giacobbe 08-202013/081.52-7.550.120.34

Nota: los grupos de investigación aquí mencionados utilizan distintos métodos para recabar la información: Giacobbe utiliza encuestas a dispositivos móviles, Rouvier realiza entrevistas telefónicas, UdeSA realiza encuestas online, Analogías utiliza IVR y CIGP combina encuestas online con IVR.