jueves, 28 de febrero de 2019

Tendencias políticas cordobesas, algo más que números.







Los números obtenidos por la Consultora JWC sobre el escenario electoral nacional y provincial entre los votantes de Córdoba durante la pasada semana nos son de ayuda para efectuar una serie de reflexiones acerca de la estructuración política vigente en nuestro país. Partiendo de ellos, en las siguientes líneas apuntaremos tres cuestiones que consideramos de relevancia para pensar el panorama electoral que se cierne sobre nosotros en este 2019. A saber, las tendencias de los últimos meses que se afirman de manera cada vez más contundente; la forma que tiene el escenario electoral a nivel nacional; y la forma (ciertamente distinta a la primera) que el escenario electoral provincial asume en el territorio cordobés. Vamos por partes.
Respecto al primer punto, la nueva medición refuerza varias de las ideas que marcamos en anteriores intervenciones sobre el voto a presidente entre los cordobeses: concentración en dos alternativas, normalización respecto a los números nacionales y aumento de los arrepentidos del balotaje 2015.


Por un lado, la disputa por la presidencia en Córdoba está centrada en dos opciones. Según los números, la primera vuelta electoral para presidente presenta como ganador a Mauricio Macri con un 29% (y un 33% proyectando indecisos), seguido por Cristina Fernández de Kirchner, 25% (escalando a 29% sumando indecisos) y bastante por detrás aparece el resto de los precandidatos consultados. La cercanía entre el presidente y la actual senadora muestra que el juego electoral presidencial, incluso en Córdoba, se encuentra concentrado entre estos dos competidores. Mientras Macri mantiene un nivel de intención de voto alto pese a sus escasos logros de gestión, la ex presidenta ya alcanza sus históricos porcentajes para su espacio en la siempre hostil Córdoba (los niveles actuales ya emulan los guarismos obtenidos en 2007 por ella misma y en 2015 por Daniel Scioli). Por otro lado, Córdoba tiende a acercarse a las medias nacionales y ha dejado de ser el bastión amarillo del 70% que le permitió ganar a Cambiemos las elecciones de 2015. Incluso en un escenario de balotaje y con indecisos proyectados el resultado es 56-44 a favor del oficialismo nacional. Esto es, hoy se podría augurar un nuevo triunfo cambiemita en la docta pero lejos de la contundencia de los casi 43 puntos de diferencia con los que arrasó en el balotaje 2015 (incluso en Córdoba capital cuya diferencia ascendió a 50 puntos, hoy el registro está en torno a los 4 puntos a favor de Cambiemos). En el mismo sentido, en mediciones anteriores obtuvimos que el 28% de los votantes del balotaje de Macri en 2015 no volverían a hacerlo si se diera una circunstancia igual este año. En este nuevo sondeo, ese número asciende a 35%. El porcentaje se agrava al consultar sobre la valoración del voto en el balotaje 2015; solo el 55% de quienes votaron a Macri en esa instancia consideran que fue una buena decisión hacerlo. 


En otro nivel, las elecciones de mayo para gobernador mantienen como amplio favorito al oficialismo provincial, que sin haber comenzado explícitamente su campaña y haciendo uso de su lugar de incumbent  ya alcanza un 28% de intención de voto y aventaja en más de 10 a la segunda opción. En tercer lugar queda Pablo Carro con un ascendente 12% y una importante porción de 18% de indecisos. 


Ahora bien, más allá de los tradicionales datos que se leen en las encuestas creemos que es posible derivar algún análisis más sobre lo que acabamos de señalar. Acerca del escenario nacional acabamos de decir que existe una nítida concentración bipolar de los electores. Por un lado, Cambiemos nuclea a gran parte de lo que podríamos denominar no-peronismo y por otro, el espacio que conduce Cristina Fernández de Kirchner se constituye como el polo antagonista que hegemoniza (a falta de un mejor nombre) la franja peronista. Estos dos centros, no solo tienen diferencias programáticas y distancia ideológica relevantes sino que están en constante tensión exacerbando la oposición entre ellos, lo que deriva en la creciente polarización que observamos, distancia más intensidad. Esto genera cierta atracción hacia quienes en principio no están ubicados en ninguno de los dos polos, es decir, las terceras opciones, por ejemplo el peronismo de Alternativa Federal con su clan de dirigentes aspirantes a presidente no terminan de escalar en las encuestas porque los polos mencionados saturan el sentido la discusión y los dejan en un lugar irrelevante y hasta difícil de comprender para el ciudadano medio. Esto no depende de exclusivamente de la capacidad estratégica de los dos espacios preponderantes, sino que responde a la forma misma en que se estructura el espacio político nacional, no parece haber lugar para terceros. En otros términos, la ambigüedad con la que las opciones de centro intentan moverse, dado el escenario polarizado con escaso margen de maniobra, se traduce en falta de claridad, posiciones tímidas, lo que no inspiran confianza al electorado demandante de posicionamientos claros y que reclama por una oposición capaz de representar un cambio. De manera tal que estas opciones parecen desgranarse en favor de las dos principales opciones que estructuran la discusión. Este razonamiento es parcialmente corroborable, no solo por los números que los candidatos obtienen en su intención de voto sino también a partir de la pregunta sobre qué harán en un potencial balotaje entre Macri y Cristina aquellos votantes que optan por opciones distintas a Cambiemos o Unidad Ciudadana. La gran mayoría de ellos es capaz de elegir una de las dos opciones en base a su ordenamiento de preferencias. En otros términos, aun como segundo óptimo los dos polos resultan suficientemente atractivos para los votantes que no conforman los núcleos duros.

En síntesis, si ordenamos las opciones el mapa electoral nacional en un sistema de coordenadas cartesianas según el eje peronismo y no peronismo y derecha e izquierda obtenemos el gráfico que reproducimos a continuación y  que a nuestro criterio da forma a la política nacional con sus dos polos estructurantes y articulantes:


Finalmente, cuánto de lo que estamos afirmando sobre el escenario nacional se traduce en la arena provincial. ¿Qué similitudes y qué diferencias aparecen? Es sabido que las derivas electorales en las provincias lejos están de ser lineales o de tener correspondencias directas con lo que acontece a nivel nacional. Con ello colaboran los altos niveles de discrecionalidad con el que cuentan los gobernadores, la desnacionalización y territorialización del sistema de partidos y otros atributos que el sistema federal impone. En consecuencia, lo que parece haber en Córdoba a distancia del escenario nacional con “sesgos bipartidistas” es una situación con un único espacio dominante sin un antagonista neto. Si bien Cambiemos aparece como un histórico contendiente que pretende rivalizar con el oficialismo provincial, la cercanía del gobernador Schiaretti y el presidente Macri generan no solo incomodidad hacia dentro del armado cambiemita cordobés sino también cierto desconcierto entre sus votantes. Lo que es más, al analizar el voto en el balotaje 2015 tenemos que un 26% de quienes votaron a Macri en esa instancia, en este año se volcarán por Schiaretti para que continúe como gobernador. A la inversa, entre quienes votarán a Schiaretti para gobernador, un 30% votaría a Macri en un potencial balotaje (y cerca de un 15% lo hará directamente en las generales de octubre), además de haberlo hecho en 2015 un 57%. Esto significa, no solo que las arenas electorales permanecer claramente distinguibles para los electores (lo que habilita este tipo de cruces) sino que el perfil ideológico de los votantes de uno y otro espacio no son radicalmente distintos, compartiendo rasgos que los emparentan y los acercan en el modo de ordenar sus preferencias. De esta manera, Unión por Córdoba se vuelve una opción relativamente atractiva para el votante de Cambiemos en la provincia.

         Por su lado, algo no tan distinto ocurre entre los votantes kirchneristas y su vínculo con el schiarettismo. Mientras que el 34% de quienes votaron a Scioli en el balotaje dicen votar por la reelección del gobernador en 2019 (lo que permite sostener el perfil peronista en ese votante), un 30% de quienes aspiran a la continuidad de UpC votarán a Cristina Fernández de Kirchner en las generales (y 44% lo harán en el balotaje). A la inversa, entre los votantes de la expresidenta en un supuesto balotaje, el 36% reconoce votar a Schiaretti para gobernador. ¿Qué nos dice esto? Nuevamente, la no correspondencia automática entre diferentes niveles electorales y un cruce relativamente alto entre kirchneristas y peronistas cordobeses (por ejemplo, alrededor de un 40% de los votantes de Pablo Carro afirman que de no tener a ese candidato, votarían a Schiaretti). Así, a diferencia de lo que acontece en ciertos dirigentes entre los votantes no hay un rechazo pleno y UpC es visto como una opción viable por una porción importante del kirchnerismo mediterráneo. 
            Lo que tenemos entonces es una estructura en donde hay un solo polo de relevancia en la provincia (la lectura de la imagen del gobernador cruzada con el voto a gobernador permite sospechar la ausencia de un “antischiarettismo” en sentido fuerte, tiene diferencial positivo en casi todos los casos) que funciona como espacio atractivo para buena parte del electorado y sus dirigentes (varios cuadros ex-kirchneristas han dado muestra de ello) sin una alternativa claramente distinguible que opere como contrapeso, tal como sucede a nivel nacional.
La tarea de la oposición cordobesa, particularmente de los espacios nacionales y populares, no consiste entonces en aglutinarse dentro del paraguas del peronismo cordobés en nombre de esos votos cruzados o de la obtención de triunfos electorales ajenos de los que nunca se los convocó a participar; sino que radica en la construcción de una opción que exprese al cúmulo de sectores huérfanos que no encuentran una alternativa provincial que los contenga y manifieste de manera singular una apropiación de la retórica de Unidad Ciudadana. Convirtiéndose de esta manera en el otro polo que equilibre el escenario provincial.
  





lunes, 25 de febrero de 2019

Diez razones por las que Pablo Carro fue elegido candidato del kirchnerismo

Link a la nota de Juan Leyes publicada el 25/02/2019 en LA VOZ DEL INTERIOR:
El diputado nacional Pablo Carro fue ungido como el dirigente kirchnerista que encabezará la lista a gobernador en las boletas que estarán en el cuarto oscuro el próximo 12 de mayo en Córdoba.  
La decisión, discutida por meses, cuenta con el “visto bueno” de Cristina Fernández, aseguran desde los partidos que conforman Unidad Ciudadana (UC) en Córdoba. 
Ese apoyo de la “jefa”, como les gusta a los militantes K llamar a su dirigente, quedó plasmado en la letra de un acta que los partidos firmaron el viernes pasado. 
La definición estaba entre tres nombres, el propio Carro, la diputada Gabriela Estévez y, aunque el pensamiento no fuera correspondido, incluso desde el kirchnerismo se apostaba por el nombre de Tomás Méndez, quien más mide en encuestas entre estos nombres. 
Fuentes cercanas a Máximo Kirchner aseguraron la semana pasada que la expresidenta prefería que el candidato fuera “un hombre”. De todas formas, las razones son varias, tanto que hasta podría considerarse que otra opción no hubiera sido posible. 
  • Razón 1. Gabriela Estévez viene desarrollando un trabajo encomendado por el Instituto Patria que es trabajar por la unidad del peronismo, es decir, entre el cristinismo y Unión por Córdoba (UPC). Un encargo que, en conversaciones con La Voz, Carro también reconoció como propio. Ambos, aunque conscientes de la dificultad que eso implica en vistas de la elección local, no dejaron de tender puentes hacia el PJ local, sobre todo hacia el ala delasotista. Asesores de la diputada siempre dejaron claro que la apuesta de Estévez era esa, por eso desde su núcleo hasta se especuló en que no hubiera una candidatura hasta que no estuvieran cerradas todas las puertas con el schiarettismo. Incluso, afirmaron que la apuesta de Estévez es desde el 12 de mayo en adelante, un día después de la elección a gobernador, trabajar junto con Natalia de la Sota por la diputación. De esta manera, una fuerte candidata a encabezar la fórmula como Estévez ya contaba con un plan trazado hacia las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (Paso). Lo nacional, por sobre lo provincial. 

  • Razón 2. Las encuestas. En distintas mediciones a las que tuvo acceso este medio, el diputado Carro conserva e incluso supera la intención de voto con la que obtuvo la banca en su única y última elección. En 2015, la boleta cristinista alcanzó el 9,72 por ciento de los votos. Si bien algunos referentes de Unidad Ciudadana aseguran que “los votos son de Cristina” y que los encuestadores sólo miden a Carro a la hora de hacer los sondeos, también es cierto que el sindicalista (es dirigente de la CTA de los Trabajadores) es el referente más conocido de los dirigentes K provinciales entre los votantes. Por otro lado, su imagen negativa no es demasiado alta. Cabe destacar que la encuestadora JWC, luego de un relevamiento de 1.010 casos telefónicos en febrero, estimó que el 25 por ciento de los que votarían a Carro no lo conocen, pero sí lo hacen por el sello kirchnerista. 

  • Razón 3. Emparentado con esta última razón, un bajo rendimiento en las provinciales en mayo es un “mal resultado” para Cristina rumbo a octubre. Dicho por los propios dirigentes de UC, aspiran a mantener los números de la última elección o superarlos. Por lo que no podían apostar a un candidato que rindiera menos. “No cualquier candidato junta los votos de Cristina”, dijo un alto referente de este espacio a La Voz.  

  • Razón 4. El factor Méndez finalmente no prosperó. Desde el Partido Solidario (PSOL), de Eduardo Fernández, y desde el entorno de la diputada del Parlasur, Cecilia Merchán, trascendió que las conversaciones con el partido del periodista se venían estableciendo desde el año pasado con el propósito de lograr una unidad para ir a elecciones. 

  • Razón 5. Carro es un candidato “no peronista” y esto es un elemento que tuvo peso en la decisión. Desde Unidad Ciudadana es compartida la idea de que en Córdoba el objetivo es que no gane Cambiemos, y disputarle votos peronistas a Juan Schiaretti pone en una posición incómoda al cristinismo, ya que la expresidenta pretende que su espacio siga trabajando con el peronismo local para sumar apoyo a su candidatura en las Paso y en las elecciones presidenciales de octubre.  Para tener en cuenta, según JWC en una medición, los votantes de Schiaretti y Carro atraen fracciones similares del voto a Scioli en el balotaje 2015, 34 y 32 por ciento, respectivamente.

  • Razón 6. Los legisladores provinciales del bloque kirchnerista Córdoba Podemos no construyeron una referencia fuerte para una candidatura. Durante un tiempo, en la Unicameral se mostraron como fuerte oposición al gobierno de Schiaretti, en otras oportunidades apoyaron las leyes del oficialismo. Consultados, varios referentes de UC, aseguran que los legisladores Martín Fresneda, Carmen Nebreda, Franco Saillén y Vilma Chiapello “arrancaban de atrás” en la competencia con Carro y Estévez. Por un lado, porque los diputados nacionales, al estar en Buenos Aires, fortalecieron el contacto con los referentes nacionales del kirchnerismo. 
El propio Fresneda –quizás uno de los más conocidos junto con Nebreda, ya que fue funcionario de Cristina– optó por bajar su perfil en el último tiempo. 
  • Razón 7. No hubo disputa interna en UC, los referentes tenían la seguridad de que el candidato iba a salir por consenso. “Puede haber un poco de tironeo, pero no me parece que la interna vaya a ocurrir, yo creo que nos vamos a poner de acuerdo”, había dicho el diputado el mes pasado. Consciente de los tiempos, el propio dirigente hasta había aventurado una fecha para la definición de la candidatura en la primera quincena de febrero. Desde el Consejo de Organizaciones de Unidad Ciudadana insistieron reiteradamente en que había que definir rápido el candidato, pero siempre con la idea que todos irían detrás del que fuera escogido, sin internas. Sólo Fernández mostró sus intenciones de candidatura y, en la última semana, la diputada Merchán salió a pararse como candidata a gobernadora, pero ahora todos bajaron sus aspiraciones y se encolumnaron detrás de la propuesta del docente universitario Carro.  

  • Razón 8. El consenso fue fuerte. El viernes pasado estamparon su firma varios referentes de Unidad Ciudadana y ya no hay discusión. El acta que suscribieron refleja la determinación  de la conducción del frente: firmaron el Partido de la Victoria, representado por su apoderado, Ignacio Baselica; el Partido Comunista, representado por su presidenta Solana López, Horacio Viqueira, presidente del Frente Grande, el partido Nuevo Encuentro, representado por Federico Iribarren; el partido Kolina, con su presidente José Luis Bianchi y el partido  Solidario (PSOL), representado por Eduardo Fernández. Además, firmaron el acuerdo Estévez, Carro, Merchán, Nebreda, Chiapello y Saillén.

  • Razón 9. Es un candidato “limpio”. No está emparentado a la denunciada corrupción K que hace mella en la confianza de los votantes hacia ese espacio. Nunca fue funcionario de la administración de Cristina Fernández. 

  • Razón 10. Carro tiene un relevante ascendiente sobre la militancia, razón que posibilita sumar adeptos para la campaña. Su origen son las organizaciones que conforman UC, no proviene de una estructura partidaria. Aunque del Consejo de Organizaciones insisten en que fueron los que propusieron a Carro como candidato en 2015 y que desde hace un tiempo se mantiene alejado de ese espacio, no dejan de reconocerle su llegada a los militantes de base. Cuando participa de marchas y actividades partidarias, son muchos los que se acercan a él para sacarse una foto de recuerdo.  

miércoles, 20 de febrero de 2019

"Schiaretti ¿no puede o no quiere?", la columna de Andrés Daín

Andrés Daín en su columna semanal en NADA DEL OTRO MUNDO FM102.6 habló de porqué no hubo unidad en Córdoba. El gobernador Schiaretti ¿no quiere o no puede hacer la unidad del PJ en Córdoba?  escuchala acá 👇


jueves, 27 de diciembre de 2018

Datos para combatir prejuicios






Los recientes datos sobre el escenario político nacional y provincial obtenidos por la consultora JWC pueden sernos de ayuda para desterrar al menos dos ideas bastante arraigadas en los últimos años en nuestro imaginario político. Ideas que se repiten sin demasiado rigor o testeo pero con la fuerza de las verdades reveladas. Nos referimos en primer lugar a una suerte de muletilla muchas veces enunciada a modo de chicana, “la Córdoba del 70% de Macri”, en referencia al porcentaje obtenido en el ballotage del 2015. Y en segundo lugar a la sentencia que reza que “el kirchnerismo en Córdoba es un espacio político marginal y está condenado a seguir siéndolo”. Ambos enunciados, que pueden ser pensados como dos caras de una misma moneda deberían al menos ser tomados con mucho cuidado a la luz de los números que nos ofrecen los sondeos recientes. Veamos…



Aprobación de gestión e imagen de Macri en Córdoba
Los números de Macri en Córdoba según esta medición giran en torno a un 36% de aprobación de gestión e igual porcentaje de intención de voto para las generales de 2019. Estos resultados se encuentran muy en sintonía con lo que otras mediciones le auguran a nivel nacional (véase los trabajos de Rouvier o CEIS). Es decir, Córdoba no le escapa a la media nacional y (por el momento) está lejos de asumir el lugar del bastión cambiemita que circunstancialmente ocupó en el ballotage 2015. Los números del presidente si bien no son decididamente malos, especialmente luego de tres años de gestión cumplidos y pocos logros que contar, tampoco son sobresalientes teniendo en cuenta que es un gobierno que aspira a ser reelegido en menos de doce meses. En otros términos, es una fuerza política competitiva, que no tiene garantizada su permanencia en el poder y de momento Córdoba se acopla a esa tendencia sin mayores diferencias. 
Por otra parte, la principal dirigente opositora, Cristina Fernández de Kirchner, escala a 22% de intención de voto en la provincia y proyectando indecisos alcanza los 27 puntos. Con una imagen positiva (sumando muy buena y buena-regular) que ronda los 39%, tenemos que la candidata de Unión Ciudadana se mantiene dentro de los niveles históricos que ese espacio ha cosechado en la provincia a lo largo de los últimos ciclos electorales (por ejemplo, está por encima del porcentaje de votos en primera vuelta obtenidos por Scioli en 2015 o los que ella misma logró en 2007 y todavía bastante por debajo de lo conseguido en las presidenciales de 2011). Si tomamos en cuenta la cantidad de votos que la provincia mediterránea representa y su consecuente peso electoral, esos porcentajes no son en absoluto despreciables ni mucho menos un dato que nos permita concluir en la marginalidad del kirchnerismo como espacio en Córdoba.



De cada 100 personas que lo votaron en el ballotage 2015, solo 57 dicen que votarían a Macri en las elecciones generales del 2019.
El mito del 70% muestra una vez más que es eso, un mito. Córdoba no está conformada por un 70% de macristas plenos, identificados con el proyecto cambiemita. Si bien ese núcleo duro existe, es decididamente más chico y en el 70% del ballotage estuvieron no solo ese grupo de votantes que podríamos considerar propios, sino también una pluralidad de sectores que coyunturalmente decidieron apoyar al cambio. Podría sugerirse que buena parte de esos adherentes circunstanciales son los que por diferentes razones (acaso desilusionados o arrepentidos) hoy no lo votaría en una general a pesar de haberlo hecho en el ballotage 2015 (43%) o no lo votaría en un posible ballotage 2019 a pesar de haberlo hecho en el ballotage del 2015 (28%). Así Cambiemos se configuró como un segundo óptimo para un universo bastante amplio de electores que parece difícil que retenga el próximo año (el antikirchnerismo como factor aglutinante ya no parece ser suficiente). La vara quedó muy alta y sería esperable que retrocediera de aquel histórico resultado.

Kirchnerismo tiene un veto del 55%.
La trillada cantaleta del techo bajo de Cristina ha tenido su versión vernácula en la docta. Esta ha consistido en insistir que el kirchnerismo en Córdoba no existe o es apenas un puñadito de votos. Sin embargo, más de una elección se ha encargado de poner en tela de juicio aquella afirmación y esta medición vuelve a hacerlo. Al consultar por un potencial ballotage la opción “Nunca la votaría” alcanzó con Cristina Fernández de Kirchner un 55% en estas tierras. Es un número alto, sin dudas, pero bastante alejado de los augurios terminales. En otras palabras, lo que también se está develando allí es que el verdadero techo del kirchnerismo en Córdoba no está en los 28 puntos de la segunda vuelta de Scioli en 2015, en los casi 10 de Carro en las últimas legislativas, ni siquiera en el 37% de Cristina del ya lejano 2011. El techo potencial del kirchnerismo está en realidad en torno a los 45 puntos y en consecuencia tiene aún mucho margen para crecer.
El núcleo duro del kirchnerismo aparece bastante consolidado (derivado del dato de que no hay prácticamente arrepentidos de haber votado a Scioli en 2015 que en consecuencia modificarían su voto en el 2019) reteniendo su base que de esta manera asume más la forma de un punto de partida firme antes que un techo infranqueable. Dicho de otro modo, el punto no está en que Córdoba sea completamente refractaria a una propuesta nacional y popular, no hay datos duros para suponer tal cosa, sino en que hay que ofrecerle los nombres y los matices adecuados para que dicha alternativa crezca (los números que se aprecian para Pablo Carro no son nada desalentadores en este sentido). El kirchnerismo lejos de ser necesariamente marginal, tiene potencial para ocupar un lugar expectante en la plaza. Las cartas no están echadas.



La propiedad de la hibridez.
Finalmente, los números relevados en Córdoba otorgan una ventaja relativamente importante para la gestión provincial que supera en más de 10 puntos a los principales aspirantes opositores. De todas maneras, lo interesante en este punto no es tanto la parcial tranquilidad que esto debería otorgarle a los ocupantes del Panal sino el cruce entre los votantes de Schiaretti y sus preferencias electorales a nivel nacional. Lo curioso (o no tanto) es que entre los votantes del actual gobernador hay un 34% que votaría a Macri, un 26% que votaría a Cristina y un 19% de indecisos (un reparto todavía más parejo se reproduce al cruzar con los votos en ballotage). ¿Qué nos dice este cruce y sobre todo los porcentajes distribuidos de forma más o menos homogénea entre las opciones? En primer lugar, refuerza algo que la literatura politológica viene detectando hace tiempo como es que las batallas electorales no son juegos anidados sino que tienen un alto nivel de autonomía y en donde la oferta partidaria no se ordena de manera análoga en todos los niveles y mucho menos reproduce resultados. En segundo lugar, da sentido a la decisión de los gobernadores (entre ellos el propio Schiaretti) de alejar la fecha de las elecciones provinciales de las presidenciales para evitar la contaminación o en términos estrictos la nacionalización. En el caso puntual de Córdoba ¿Cómo jugar en un escenario en que mis propios votantes están distribuidos en cantidades parecidas entre el oficialismo nacional y su principal antagonista? ¿Cómo construir un discurso que se diferencie de un oficialismo nacional (con el cual se tiene una más que excelente relación) sin quedar en la vereda de su principal opositor (con el cual no quiero tener nada que ver)? Ante ese tipo de interrogantes lo más útil parece desdoblar lo máximo posible, resolver el frente interno y luego (en el caso de que salga bien) negociar con los candidatos nacionales desde la tranquilidad del triunfo. Y tercero, pone en evidencia el carácter híbrido de muchas provincias y fundamentalmente de Córdoba. Lejos de ser una provincia amarilla, Córdoba es fundamentalmente híbrida. La ciudadanía vota en cada instancia de forma diferente, produciendo resultados que desde una mirada que aspira a una coherencia absoluta resultan difíciles de explicar. Así, es que se pueden encontrar votantes kirchneristas a nivel nacional que votan a Schiaretti o votantes de Macri que también votan al actual gobernador teniendo opciones cambiemitas en la plaza. En ese marco Unión por Córdoba ha sido lo suficientemente astuto y ambiguo en su accionar político como para mantener esos apoyos que a nivel nacional se dividen. En ese fino equilibrio es que juega y por ahora parece no caerse. No es tiempo de purezas, es la hora de la hibridez.







viernes, 20 de abril de 2018

Sobre la importancia de la EPEC y la discusión que viene...

La Fundación Otra Córdoba nos acerca algo de claridad en el marco del ruido que comienza a sonar por Córdoba desde hace algunas semanas. Una mirada amplia y rigurosa que nos invita a contemplar aspectos centrales de la discusión por la producción y distribución de energía eléctrica, evitando caer en los argumentos reduccionistas y típicamente fiscalistas que abundan en la agenda impuesta desde los principales medios y sectores dirigenciales. 

Nos dice Fundación Otra Córdoba: 

Es muy importante que la empresa, en lo que respecta a la actividad eléctrica, se haya mantenido integrada abarcando generación, transporte y distribución. Esta integración, dándose en el ámbito de la propiedad pública, permite que la política energética provincial pueda diseñarse con autonomía de cambiantes circunstancias de contexto, como la actual escalada de tarifazos propiciada desde el Gobierno Nacional.

Desde una perspectiva estratégica, la empresa integrada puede diseñar un criterio de largo plazo para obtener un costo medio de generación inferior al del mercado mayorista, y es un criterio plenamente racional financiar las inversiones necesarias para ello con el presupuesto general para inversión pública de la Provincia.

Las pautas del vigente marco regulatorio eléctrico de sesgo privatizador, que ahora parece querer reflotarse, indicarían un viraje de alejamiento de todas esas posibilidades estratégicas y virtuosas para el desarrollo provincial. En cambio, su inspiración parece más bien originada en la orientación general del Gobierno Nacional, que en un decreto de hace algunos meses habilitó al Ministerio de Energía a privatizar las empresas de generación y otros activos del sector energético que aún conserva el estado nacional. Es notorio que, ante la inyección de rentabilidad derivada de los incrementos tarifarios, los valores patrimoniales de las empresas energéticas que operan en la Argentina se han multiplicado, y se ha configurado así un nuevo escenario de potenciales negocios privados de gran significación, pero que por otra parte son incompatibles con una concepción del sector empresarial del estado al servicio del desarrollo regional.




lunes, 2 de abril de 2018

Extractos de Cuadernos de Coyuntura Nº1 - Improntas neoliberales




"(...) ¿Es efectivamente el neoliberalismo ese monstruo de infinitas cabezas que todos creemos que es? Y más específicamente: ¿es el neoliberalismo sinónimo de privatizaciones, achicamiento del Estado y producción de desigualdad? Vamos por partes. Amparándonos en esta tradición que acabamos de mencionar podríamos proponer al menos tres cuestiones para empezar a responder nuestros interrogantes. Primero, el neoliberalismo más que un conjunto de políticas económicas que se derraman sobre la sociedad desde un centro es una lógica política que se expande reticularmente en una sociedad encarnándose en diversos comportamientos. Esta lógica o racionalidad política consiste fundamentalmente en la expansión de los principios empresariales para planificar, desarrollar y evaluar las decisiones, utilizando al criterio de eficiencia como vara. Entonces, a partir de esto el neoliberalismo ya no se trata simplemente de un conjunto de políticas caracterizadas a priori como tales sino del modo en que las mismas se llevan a cabo; y no se trata de las decisiones que se toman en el Estado sino en la racionalidad misma que le imprimimos a cada uno de nuestros actos en las diferentes áreas de nuestra vida. Segundo, también siguiendo a Foucault en este punto, a diferencia del liberalismo clásico la racionalidad neoliberal entiende que es necesario intervenir para producir las condiciones para que el juego de la oferta y la demanda se realice. En otras palabras, el neoliberalismo no es la retracción del Estado, la no intervención sobre el mercado sino precisamente la intervención para la producción de condiciones para que la competencia se desarrolle. Tercero, y esto se desprende de lo anterior, se trata entonces de quitarle toda carga moral al término y comenzar a pensarlo de forma articulada y simultáneamente en pugna con otras lógicas de construcción política (...)" 
Lean el artículo completo en Cuadernos de Coyuntura Nº1: https://goo.gl/zgSDL5



lunes, 5 de marzo de 2018

Cambiemos contra los fantasmas



Publicado en AlRevés
En la novela de Charles Dickens, Un cuento de Navidad, nuestro personaje principal, el mezquino y odioso Ebenezer Scrooge, recibe la visita de una serie de espectros que ponen en evidencia su avaricia y falta de atención a los demás. Puntualmente, la primera aparición recibida, el fantasma de la navidad pasada, viene a recordarle a Scrooge cómo eran las cosas antes de él, o mejor dicho antes de que él se convirtiera en lo que es hoy. En otras palabras, lo inscribe en la historia, en un marco mayor que no puede borrar y del que debe necesariamente dar cuenta aunque quisiera omitir. Posteriormente, una segunda aparición, el del fantasma de la navidad presente, le muestra al viejo empresario la preocupante situación social que se le escapaba por su incapacidad de ver más allá de sus propias ambiciones. Las últimas semanas, con resultados de sondeos de opinión adversos y movilización gremial incluida parecen obrar de un modo más o menos parecido respecto al gobierno nacional a la forma en que aquellas apariciones lo hacían en la historia del escritor inglés. Veamos esto con algo más de detalle.
Desde hace ya bastante tiempo, el ejecutivo nacional insiste en la supuesta necesidad de modernizar el país, de dejar de lado viejas prácticas asociadas a la extorsión y al apriete para obtener beneficios, de sentarnos y a través del diálogo y las buenas formas acordar soluciones igualmente beneficiosas para todos y algunos otros razonamientos por el estilo. Tras cartón de este tipo de propuestas se guarece un, cada vez menos oculto, pensamiento de que todo gremio es un obstáculo para lograr ese “progreso” y que es un lastre para estos tiempos más “livianos” de trabajadores descolectivizados que se viven en el siglo XXI. Hasta aquí, el gobierno se parece bastante al viejo Scrooge quejándose por la navidad, por los pobres que le piden dinero o por las obligaciones sociales con sus empleados cuyo único fin es “vaciarle sus bolsillos”. Demasiado acostumbrado a pensarse y ser pensado como un espacio político que está por fuera de la historia, que transmite una visión superadora de las experiencias pasadas, el gobierno de Mauricio Macri pareciera no comprender acabadamente el escenario en el que le toca moverse. En base a ello, se podría sugerir que la marcha de algunos sectores del sindicalismo del pasado 21 de febrero, con Moyano a la cabeza, emergen en nuestra coyuntura haciendo las veces del fantasma de la navidad pasada. Un espectro que viene a recordarle al gobierno una serie de tradiciones, de historias, de legados que por mucho que se fuerce por ignorar, por no oír y por excluir, están habitándonos y no descansan en paz en tanto sus demandas no son escuchadas y reconocidas. Dicho de otro modo, ese pasado que el gobierno intenta conjurar, esa clase trabajadora articulada sindicalmente a la que se intenta desconocer, ese rezongo plebeyo de alma peronista que se pretendía olvidado, vuelve una vez más a reclamarle y a recordarle a nuestro Scrooge de globos amarillos que existe y que debe ser parte reconocida de toda mesa de negociación. La marcha no se trató de nombres propios, sino de tradiciones que se reinscriben en el presente para llevar de la mano a Cambiemos por un paseo por la historia, por la historia de un país que no es ni puede ser sólo de las elites de turno.
Por otra parte, desde diversos análisis periodísticos y académicos se ha insistido recurrentemente en el carácter novedoso que Cambiemos tiene para la política argentina. Se lo ha nominado como la “nueva derecha democrática”, por tomar la tan controvertida apelación concebida por José Natanson hace algunos meses atrás, entre muchos otros apelativos que aspiran insistentemente en capturar su esencia que reside (al menos en apariencia) en su condición de radical novedad. Incluso hay quienes aventuraron la inexistencia de categorías teóricas para pensar esta experiencia. En un sentido convergente con lo que venimos señalando, desde el propio espacio de Cambiemos inicialmente se acentuó su carácter novedoso al despegarse de los rótulos incómodos que se le asignaban desde sus detractores y al proponerse no como un antikirchnerismo fanático, sino como un continuador de lo bueno y un solucionador de lo malo (recuérdese la campaña de 2015 y las declaraciones de Mauricio Macri en aquel tiempo). Sin embargo, con el correr del mandato esa aparente innovación ha cedido su lugar ante formas y políticas públicas ya conocidas de vieja data. Así, los tarifazos, la reforma jubilatoria, recortes en el empleo público; acompañado de beneficios económicos para los amigos del poder, el endeudamiento record, el uso de causas judiciales para apretar dirigentes opositores; agregado al aumento de las políticas represivas (con los casos de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel o Juan Pablo Kukok, como los más visibles) y casos de corrupción de alcance internacional, despojan a la “nueva derecha democrática” de buena parte de sus adjetivos: parece que no es ni tan nueva, ni tan democrática. Sus decisiones políticas, sus modos de construcción y la permanente apelación a lo hecho (o no) por el gobierno anterior para justificar las acciones de hoy, emparentan a Cambiemos mucho más con experiencias pasadas que con la aparente novedad ofrecida. Esa pérdida en la capacidad de ofrecer algo distinto a la ciudadanía y limitarse a repetir y copiar viejas fórmulas sin ningún tipo de audacia es lo que empieza a plasmarse en las encuestas que circulan desde hace algunas semanas. Volviendo a nuestra analogía, las encuestas operan como el fantasma de la navidad presente con el viejo Scrooge: comienzan a mostrarle aquella realidad que no había querido ver y que a causa de su falta de empatía prefería ignorar (acaso ¿no hay cárceles? ¿No hay asilos para estas personas? solía repetir Scrooge ante la presencia de pobres y desvalidos). El punto es que en la medida en que siguiera remachando sobre sus antiguas concepciones nada cambia; en la medida que siga apostando a los viejos libretos fanatizados de la economía ortodoxa y los rancios discursos de la derecha represiva, no podrá más que reproducir políticas públicas ya conocidas con resultados ya experimentados. Tal como Scrooge y el fantasma de la navidad presente en el libro, Macri con las encuestas en la Argentina actual, parece condenado a repetir infinitamente la historia si no está dispuesto a asumir la audacia que el significante cambio (antiguo aliado electoral) implica al momento de hacer política.
A esta altura del relato el lector, con bastante razón, podrá preguntarse por el lugar del fantasma de la navidad futura. Sin ahondar demasiado y dejando abierto el camino para otras intervenciones, quizás algo de ese espectro (que le muestra a Scrooge su propio funeral y lo que sus vecinos decían de él una vez fallecido) pueda empezar a vislumbrarse en el acto realizado en UMET hace unos 20 días atrás…

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