viernes, 26 de julio de 2019

Cotillón discursivo en campaña: entre el eslogan y la identidad política

Hoy en La Nueva Mañana publicaron esta columna, escrita por Miriam Campos.




Macri y Fernández agilizan las estrategias comunicacionales. La polarización, el papel de los trolls, y el auge de la “cinicracia”. Recursos de campaña que dejan al elector entre las cuerdas del “miedo y la decepción”.
 
ELECCIONES 2019: CAMPAÑA PRESIDENCIAL
El eslogan es explícito: “Para no volver al pasado, Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto”, el aparato comunicacional del Gobierno, haciendo punta con enormes recursos y organización, abrió sus alas y planea en las calles con miles de carteles. Sin embargo, el ingenio popular interviene, borra la “P”, cambia el sentido y ahora se lee: “Para no volver al asado, Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto”, la campaña presidencial, a dos semanas de las Paso, no perdona descuidos.
“Durán Barba dijo que a esta campaña, el macrismo la centra fundamentalmente, en base al sentido común y no en proyectos políticos y económicos. Es una campaña, decía, entre el miedo y la decepción”, cuenta el sociólogo Saúl Feldman, especialista en modelos culturales como ámbitos de consumo, semiología y lenguaje, y que desde hace un tiempo, se dio a la tarea de deconstruir el aparato comunicacional del asesor presidencial.
“Mucha gente está decepcionada con Macri porque no ha cumplido las promesas hechas en campaña en 2015, promesas que no están o al menos, la mayoría de ellas. Esto puede resultar decepcionante, pero el miedo, el cual es donde Cambiemos -ahora Juntos por el Cambio-, se sitúa y trabaja para ubicar a la oposición, es mucho más fuerte”, explica Feldman a La Nueva Mañana y destaca que en ese sentido, Durán Barba tiene razón porque “el miedo efectivamente amenaza”.
“La gente no quiere el miedo, lo toma como algo amenazante, en cambio la decepción es un sentimiento desagradable porque no se ha cumplido con las expectativas que la gente tenía pero en realidad, siempre hay un justificativo posible” dice el sociólogo y agrega que la metáfora más ontológica que el Gobierno usa como justificativo, es “la tormenta’”.
A tres semanas de iniciada la campaña para las Paso, el macrismo está más aceitado, la estrategia está mucho mejor armada, hay disciplina, enormes recursos y eso es notorio: manejo de medios masivos e impacto en redes sociales, son algunos vehículos para establecer la comunicación publicitaria de manera eficiente.
Comparativamente, en ese contexto, el peronismo no logró todavía la articulación de los puntos de acción. “Para eso hay que tomar en cuenta que la unidad se armó hace poco, hay que adjudicarle a eso, la falta de articulación y disciplina en cuanto a las acciones”, indica Feldman.
Primero hubo que posicionar al candidato, “Fernández tuvo buena recepción, pero armar una campaña poniéndose de acuerdo entre las distintas partes, y establecer estrategias articuladas requiere tiempo”, dice el sociólogo.

Sentido común y miedo

A lo largo de su gobierno, los planteos de Cambiemos siempre marcaron el tono de que ‘hay que tener esperanza, que falta poco’, ahora la figuración es que ‘estamos a mitad del río’, y ‘no es el momento de volver atrás’ sino de seguir para adelante, sentar las bases de ‘un país en serio’ que son estructurales, que muchas veces son invisibles pero que son reales, entonces “golpea el piso mostrando que es real, y que lo otro, en el sentido de la oposición, sería solo relato”, dice Feldman.
“Lo del miedo, comunicacionalmente es mucho más efectivo y el plano donde Cambiemos está acostumbrado a moverse, es en el sentido común”, es decir, lo que alude a las creencias, formas de argumentación, asentadas en una comunidad, y que son capaces de atravesar fronteras ideológicas y, algo no trivial: fronteras de clases.
“Esas creencias están enraizadas en sentimientos básicos humanos, como el odio, el amor, la envidia, el deseo, el poder”, explica Feldman y explaya: “Cuando eso está trabajando en el campo del sentido común, está básicamente trabajando con las emociones y en este caso de la campaña, centralmente con el miedo”.
Se trata de alguna manera de “demonizar” al adversario, en este caso la estrategia comunicacional, artera, apunta contra el kirchnerismo y su populismo, La Cámpora, “los kukas”, y los sustantivos de “corrupción”, “pasado”, “juicios” y construcciones argumentales que calaron hondo en un amplio sector, como el “robo de un PBI”.
“Ellos no pueden hablar de economía, porque efectivamente no tienen nada positivo para exhibir y eso es un desafío comunicacional. Lo que sí pueden decir, y lo dicen, es que se sentaron las bases para el despegue, pero hay que esperar: ‘tenes que remarla y remarla sin llorar’", explica Feldman sobre las expresiones discursivas usadas por el oficialismo, en particular por el presidente Mauricio Macri.

El sistema de gestión y la “cinicracia”

Feldman en sus trabajos habla de la “cinicracia” que caracteriza al Gobierno, y antes que nada, aclara que no se trata de un insulto donde se apunta a decir “todos estos muchachos son cínicos” sino que plantea la existencia de un sistema de gestión de gobierno y además discursivo, que “efectivamente están basados en principios de mentir descaradamente y eso es el cinismo postmoderno”, expresa el académico.
El cinismo ante todo es muy diferente de la mentira. Mientras que la mentira tiene que ver con el deseo de alguien de obtener una ventaja cuando miente, ocultando que está mintiendo, "en el cinismo no sucede eso, sino que hay una exhibición impúdica de la mentira, una forma de exhibición de poder, que trae como consecuencia efectivamente, el desamparo, la desazón, es algo que desarma", expresa Feldman y agrega: "Hay un acto de crueldad en eso mismo porque uno se encuentra desconcertado en una situación de desasosiego para ser preciso, frente a ese planteo".
"De pobreza cero a pobreza récord", pudo leerse en marzo pasado en los titulares de algunos medios tras conocerse el aumento de las cifras del Indec, en alusión al conocido spot publicitario de Cambiemos, lanzado en septiembre de 2015 previo a las elecciones. Pocos días antes de conocerse oficialmente que en el segundo semestre de 2018, hubo más de 14 millones de pobres en el país, en una entrevista con Luis Majul, el Presidente expresó: "Yo no prometí pobreza cero, es una tendencia hacia la que trabajo". La semana pasada, el hashtag #LasMentirasDeMacri en la red social Twitter, fueron tendencia.
En ese contexto, para Feldman, “la posverdad, -esa verdad que no es fáctica sino emocional-, es la esencia misma del discurso del macrismo, porque es llevada a cabo en el campo del sentido común”.

Paso sin ambigüedad

Andrés Daín es politólogo, investigador y profesor de la Universidad de Villa María, analista político y actualmente es el director de la consultora JWC, en estos días previos a los comicios, si uno le pregunta cuál es la particularidad de esta campaña, responde tajante: “la polarización”.Inmediatamente agrega que si bien no es una novedad en Argentina, esta particularidad “fue teniendo efecto y arrastrando a los partidos políticos y a la clase dirigente en su conjunto”.
Para Daín, la polarización, a lo largo de los años tuvo como destino, de alguna manera, “ordenar la oferta política en torno a los grandes polos, que como casi nunca sucedió en la historia argentina, se pueden pensar a partir de las etiquetas tradicionales de izquierda y derecha”.
Todos aquellos sectores del peronismo que no se alineaban con el kirchnerismo, ahora se terminaron fracturando, alguno alineados y otros finalmente dejaron de apostar por la tercera alternativa peronista, republicana, federal, y se terminaron yendo con Macri. Pichetto representa un poco eso. Entonces, de algún modo, esa ambigüedad ideológica que había detrás del peronismo, hoy de alguna manera, parece ya estar resuelta”, dice el politólogo.
Esto se convirtió en comida diaria de las redes sociales, puntualmente con los ‘trolls’, que “no buscan convencer de otra cosa, no apuntan a transformar a un kirchnerista en macrista, o un macrista en kirchnerista, la función básica de un troll es pudrirla. Lo que busca es pudrir la discusión, impedir el debate”, dice el analista y agrega: “Matar así esa idea de ágora pública del debate”.
Hay una cuestión contextual que se impone y tiene que ver con las nuevas formas de comunicación, las nuevas tecnologías, con los nuevos hábitos de lecturas con los procesamientos de la información. "Son un montón de datos sociales, culturales que determinan a la política, de eso no hay dudas, por lo tanto hay que adecuar, lenguaje, mensaje, estilo, eso está claro y son todos prisioneros de eso".
De alguna manera, la efectividad de la adaptación del discurso, del uso de las redes sociales, tiene más que ver con una cuestión técnica comunicacional: buenas imágenes, buenos videos, lograr comunicar, lograr traducir eficientemente un discurso político en una frase y que resuene. 
"Pero atención", dice Daín y explica: "hay que mirar la liviandad de eso, versus la solidez de la construcción política. Una cosa, es comunicar para ganar una elección, para sumar votos y otra cosa distinta es construir una identidad política".
En los tres años del gobierno de Macri, e incluso desde antes, “uno se puede encontrar con un piso, por lo menos del 60% de los ciudadanos y ciudadanas en Argentina se identifica con uno de los dos polos de la grieta, y eso ha persistido en el tiempo”, describe el politólogo y explica que Cristina Fernández, “a pesar de todo, los embates judiciales, los enormes problemas políticos que ha tenido y los errores que ha cometido, si se quiere, su piso se ha mantenido casi de manera terriblemente sólida, en todo este tiempo fuera del poder”. 
Lo que pone en evidencia es que de alguna manera, es una definición más estructural de política argentina, antes que una decisión estratégica el tema de la grieta.
"Lo que el discurso de Alberto Fernández intenta hacer de alguna manera es sostenerse a este discurso socioeconómico, y destacar la influencia del nefasto resultado de la política macroeconómica del macrismo, por un lado y por el otro, construirse como un dirigente con sensibilidad, con trayectoria y experiencia, que por cierto la tiene", grafica el politólogo. El precandidato del Frente de todos,  continúa en ese intento de construcción y por lo menos hasta la semana pasada, "la principal preocupación, que fue la articulación política, sumar intendentes, gobernadores, lo ha surfeado con bastante éxito".
De ese modo, la grieta llega reductible a pensarse en términos de una "decisión estratégica comunicacional” explica Daín y agrega: “Creo que es un acto de la realidad”. Allí aparece Alberto Fernández, marcando un discurso conciliador, poniéndose a sí mismo como un “tipo común”, que es profesor universitario, que lleva de paseo a su perro Dylan, y que también acordó y no, con Cristina. Suavizar esa brecha de los polos pero denunciando al macrismo. Lograr adhesión del arco gremial, político, fue el primer desafío del ex funcionario, queda ahora, con el magnetismo inconmensurable de Cristina atrás, ver si logra conquistar al electorado.

La boleta corta y el factor Córdoba en la próxima gestión presidencial


Hoy en La Nueva Mañana publicaron esta columna, escrita por César Martín Pucheta.


La decisión de Schiaretti, los resultados de la elección y la relación por venir entre el gobernador y el próximo Presidente. ¿Qué pone el juego el peronismo cordobés?

#ELECCIONES 2019


La estrategia del gobernador Juan Schiaretti de no apostar a ningún candidato presidencial en las próximas elecciones abrió en Córdoba, un escenario particular que pondrá en discusión la influencia del electorado mediterráneo en el mapa nacional.


“Schiaretti está tratando de introducir una discusión provincial en una elección nacional. Esa estrategia conllevará un esfuerzo mayúsculo porque todo el mundo habla en clave nacional. Pedirle a los cordobeses que piensen desde otra perspectiva representa un riesgo cuya resultante deberá analizarse con los resultados en la mesa”, dice a La Nueva Mañana el analista político Fernando Chávez Solca, de la consultora JWC, para quien la “jugada” de Schiaretti resulta “muy audaz”.


“Hace dos años Schiaretti quiso provincializar la elección y no sólo que no lo logró, sino que las diferencias entre las Paso y las generales se amplió, a pesar de que el peronismo también había crecido entre una y otra elección”, recuerda Gustavo Córdoba. “Eso demuestra que cuando se votan escenarios provinciales, los cordobeses votan guiándose por la realidad provincial pero cuando se ponen en juego escenarios nacionales, la boleta presidencial tiene mucha más fuerza que todo lo demás”, afirma.


Las visitas de Alberto Fernández y Mauricio Macri a tierras cordobesas que se replicaron durante las últimas tres semanas y que se continuarán hasta el fin de la campaña dan cuenta del peso que los principales aspirantes a la Presidencia de la Nación atribuyen al centro del país en los comicios que tendrán su primer capítulo el 11 de agosto.


Al analizar la historia reciente, todos los consultores recuerdan la elección del 2011, en la que José Manuel De la Sota dividió fuerzas con la boleta del Frente para la Victoria. Allí, cuando las primarias se desarrollaron apenas una semana más tarde que los comicios provinciales, Unión por Córdoba no pudo mantener el empuje victorioso y, también con boleta corta, obtuvo tan sólo el 7,01% de los votos. Para Soledad Pavesi “el escenario actual parece ser distinto”.


La diferencia que puede ser motorizada por los electores que eligen la boleta corta de Hacemos por Córdoba no está favoreciendo ni perjudicando a Juntos por el Cambio ni al Frente de Todos, sino que les está sacando a los dos un porcentaje parejo, que podríamos ubicar en el orden del 5%.


La diferencia que la representante de la consultora Explanans encuentra con aquel año en que Cristina Fernández arrasó en el escenario electoral nacional tiene que ver con “un involucramiento fuerte por parte del gobernador que hace dos meses obtuvo el triunfo más contundente que recuerde la vuelta de la democracia en Córdoba”. “La estrategia intenta ubicar a los candidatos a diputados como eslabones necesarios para que el equipo que retuvo el gobierno provincial, conquistó el gobierno municipal, ahora cuente con legisladores que ‘defiendan a Córdoba en el Congreso’. La estrategia parece coherente, pero jugar sin presidente le quita atractivo” asegura al ser consultada por La Nueva Mañana.


En la comparativa histórica, Norman Berra destaca el factor temporal como un aliciente en torno a los riesgos que el peso político propio de Schiaretti puede correr al decidir separarse de la discusión nacional. “Pasaron más de dos meses de la elección provincial por lo que el tiempo puede hacer sopesar la implicancia política de una derrota”, dice el Encargado de proyectos de la consultora Delfos.


La tradición cordobesa y el corte de boleta


Berra afirma que “todos los cañones están puestos en la lista presidencial”, por lo que se anima a afirmar que el análisis de las fuerzas que apuesten a alguna fórmula nacional se concentrará en ese tramo de la elección. “Todas las listas a diputados tienen una intención más baja que sus candidatos presidenciales. Pero la diferencia que puede ser motorizada por los electores que eligen la boleta corta de Hacemos por Córdoba no está favoreciendo ni perjudicando a Juntos por el Cambio ni al Frente de Todos, sino que les está sacando a los dos un porcentaje parejo, que podríamos ubicar en el orden del 5%”, dice el consultor.


Córdoba coincide con ese diagnóstico y anticipa un comportamiento que podría mantener los números históricos en torno al corte de boleta. “Si vos preguntas en una encuesta, es posible que un 30% o 35% te diga que lo va a hacer pero, después en el cuarto oscuro, no supera el 10% o el 15%”. “En términos históricos Córdoba no ha sido muy pródiga en cortes de boleta, aunque vale señalar que se trata de un trabajo de estructura territorial más que de estrategias publicitarias”, afirma el consultor.


En ese sentido, hay una lectura general en la que se cuenta cierta ventaja para la conjugación entre los aspirantes nacionales del Frente de Todos y los representantes de Hacemos por Córdoba. Hace apenas una semana, Alberto Fernández lideró un acto en Carlos Paz acompañado de algunos de los representantes más importantes del peronismo provincial, entre los que se destaca el senador Carlos Caserio y los intendentes Martín Gill y Rodrigo Rufeil. “Si nos guiamos por lo que ha pasado, el efecto sobre las otras boletas tendría que ser muy menor. De hecho, el efecto es más bien contrario, porque el problema lo podrían tener quienes van con boleta corta”, afirma Chávez Solca.


Además de la opción de Hacemos por Córdoba, habrá otras dos boletas sin aspirantes presidenciales en el cuarto oscuro: la que encabeza Miguel Nicolás y la que lleva como primer candidato a Javier Fabre. Ambas son radicales, aunque no se les permitió pegar boleta con los aspirantes de Juntos por el Cambio. En ese panorama, las candidaturas surgidas del acuerdo entre las fuerzas que integran el oficialismo a nivel nacional parecen ser las más perjudicadas con la sobreoferta legislativa; ya que la boleta corta de Encuentro Vecinal Córdoba también está más cerca de compartir un segmento electoral con el macrismo que con el fernandismo.




martes, 23 de julio de 2019

Efecto campaña en el macrismo





Empezó la campaña, oficialmente, y eso cambió un poco el estado de ánimo en la opinión pública. Hace un tiempo, cuando leíamos en las encuestas la caída del macrismo, decíamos que había que esperar el arsenal comunicacional para evaluarlo en su justa medida. Hoy estamos en ese proceso y lo cierto es que desde que empezó la campaña el oficialismo tuvo una leve mejora en las encuestas de voto. 
Al ver algunos spots de campaña de Macri, a primera vista, resalta una notable desproporción entre cómo se cuentan los logros de gestión de estos cuatro años y la realidad. Una desproporción entre lo que realmente pasa y cómo se cuenta: obras que son pequeñas, casi insignificantes, parecen cobrar mucha importancia en la medida que, para el macrismo, la historia argentina es una historia de fracasos. 
Venimos de años de fracasos, ese es el mensaje oficialista. De hecho, hay un spot cortito que parece hecho con cámaras de celular donde hay muchas voces que repiten: “años”, “años esperando”, “años que no se hacía el cordón cuneta” “años en que no se hacía una rotonda”, “años en los que no se asfaltaba una calle”. Según este relato venimos de una historia de fracaso tras fracaso, de la cual el peronismo bajo su forma peronista/ populista/ kirchnerista es el principal responsable y parece ser que Buenos Aires es un hecho palpable de eso. De hecho, en otro spot, la gobernadora Vidal dice “Buenos Aires es una historia de abandono”. Entonces, según este relato que construye el macrismo de nuestra propia historia, en la medida que venimos de una historia de fracaso, cualquier cosa cobra relevancia por el simple hecho de que nunca se hizo. Por lo tanto, en ese contexto, se justifica comunicar cualquier obra por más insignificante que sea. 
Además de eso, hay otro efecto fundamental, sobre lo cual versan buena parte de los spots, que es el carácter fundante del macrismo. El macrismo en su insignificancia, paradójicamente, se sitúa como una bisagra en la historia argentina. ¿Por qué? Porque está haciendo cosas, por más sencillas, simples y pequeñas que sean. Cosas que nunca se habían hecho en la historia y que, según este relato, explicaban en buena medida nuestros fracasos. Es, supuestamente, ahora, en el verdadero cambio, cuando finalmente se hacen. Es ahora que se hace lo correcto, es ahora que se hace lo que se habría que haber hecho desde hace décadas, es ahora que se dice la verdad, es ahora que se reconocen las dificultades… De este modo el macrismo se presenta como una bisagra de nuestra propia historia. Ese “ahora” es su carácter fundante. Venimos de una historia de fracasos pero ahora estamos frente a una bisagra. Somos un fracaso pero a la vez tenemos un gran futuro por delante, lo cual parece una contradicción más que una paradoja. 
¿Y cómo es que esto es posible? Porque ahora hay argentinos dispuestos al sacrificio, dispuestos al esfuerzo, que por eso votan al macrismo bancando que no haya resultados positivos a la vista. También ahora hay una clase dirigente dispuesta a hacer lo que hay que hacer. Pero lo importante no es lo que hacen los dirigentes, sino el sacrificio de los argentinos que le dan su apoyo, allí “la unión de los argentinos es algo imparable”. 
Sobre esto es importante destacar dos cosas. Una, que esta lectura es fácticamente errónea, al menos en lo que respecta al desarrollo de la obra pública durante los gobiernos peronistas, especialmente los de Néstor y Cristina. Otra, que hay que prestar mucha atención a cómo opera en el sentido la identidad “argentinos” pegada al sacrificio de votar a Macri. Y como la argentinidad se tiñe de enojo. Hay un electorado “despolitizado” que suceptible de enojarse, a ese electorado le habla el oficialismo.  Aunque cabe destacar que según el atlas ideológico de Daniel Scheteingart el mensaje libertario también contiene una alta cuota de enojo ya que sus electores “mayoritariamente creen que Argentina es una mierda” .
Para concluir, la novedad que la comunicación de campaña vino a aportarle al macrismo es afectiva, no política. Adherir al macrismo es tan fácil como lo es experimentar enojo con razón (certezas, no argumentos, mucho menos pruebas). Enojarse es fácil y el enojo prende mejor si además es de “argentinos” sentirse así. En los noventa ser argentino era ser “boludo”, y el boludo, cansado de que lo boludeen votaba a De La Rua, un hombre serio, de valores. Hoy, para el macrismo, ser argentino es enojarse por décadas tras décadas de fracasos, pero también es enojarse por la “realidad” y poner la responsabilidad de la situación actual en el oponente, mientras que de su lado solo hay sinceridad y buenas intenciones argentinas. Ser macrista es, en síntesis, ser reaccionario con convicción nacionalista. 
Y como no hay argentino que no quiera ser argentino, por eso, nos animamos a sostener que la comunicación de Juntos por el cambio es una suerte de trampa en tanto que lleva al elector a la madriguera del odio vía la identidad argentina. Además, la comunicación de campaña le permite al macrismo saltar el cerco del antiperonismo hacia un novedoso nicho de electores. Todo eso explica, quizás, cierta mejora del oficialismo en las encuestas, a partir de la activación de un afecto irresistible con la campaña de provocación en despliegue. También explica, quizás, que sea posible que haya lugar a la derecha de Macri.

El orden como eje de campaña.



Publicado en: Alrevés.net.ar

Una de las preguntas esenciales de la filosofía política a lo largo de su historia ha girado en torno al concepto de orden. Desde la antigua Grecia hasta la actualidad la interrogación sobre la mejor forma de organizar la vida comunitaria ha encontrado múltiples respuestas que acentúan diversas dimensiones a tener en cuenta de cara a instituir una convivencia sustentable entre los sujetos. ¿Es acaso el mejor orden el más estable? La permanencia en el tiempo ¿es un síntoma de buena organización? O ¿la presencia de conflicto es la representación del fracaso en el ordenamiento comunitario? ¿En qué se sustenta la elección de una determinada manera de diagramar los lugares que cada individuo ocupa en una sociedad?
Las diversas respuestas ofrecidas a estos interrogantes nos permiten asumir que el orden no refiere a un conjunto de características inherentes sino que se desprende de una fijación política que vuelve tolerable y, sobre todo, creíble cierto modo de dar forma a las relaciones al interior de una comunidad. Tomando ese punto de partida, la pregunta sobre qué están diciendo los candidatos presidenciales cuando hacen uso de ese vocablo se vuelve relevante para pensar nuestra coyuntura. Entonces ¿Qué significa el orden para las dos principales fuerzas política que se disputan la elección?
Por el lado de Juntos por el Cambio el término orden adquiere un lugar decididamente relevante en su retórica. Por ejemplo, la semana pasada durante su acto en Córdoba, el presidente Macri decía que para él la política es “ingeniería, gente trabajando, ordenada, a pesar de que muchos sindicatos se oponen”. Es sumamente sugerente esta frase, por un lado porque nos da la pauta de lo que para él es la acción política: de forma análoga a la ingeniería se trata de ordenar asignando tareas y funciones. Pero además, porque permite comenzar a ver que aquellos que se oponen a esa organización son actores que no quieren someterse a las normas generando un conflicto que no es posible tolerar. En consecuencia, el orden propuesto adquiere un carácter no politizable, no discutible y quienes se resisten son colocados en el lugar de la violencia, la mafia o la irracionalidad. Todas posiciones en las que típicamente el oficialismo ha ubicado a quienes piensan diferente.  
En esa línea es que cobra sentido el conjunto de tópicos al que el orden aparece ligado en las intervenciones públicas del gobierno: narcotráfico; control de la protesta social; regulación migratoria u; orientación del modelo económico. En todos los casos el significante orden adquiere un lugar central al oponerse al descontrol y despilfarro populista de antaño. Vigilar las fronteras, garantizar la libertad de circulación, impedir el ingreso irrestricto de extranjeros o volver al mundo, son expuestos como manifestaciones casi naturales del ordenamiento necesario y de la reorganización de un Estado que antagoniza con el pasado reciente al que se describe como plagado de irregularidades y corrompido, en otros términos, carente de orden. En sintonía, el nuevo orden no requiere demasiada fundamentación, “haciendo lo que hay que hacer” reza el eslogan de la gestión actual. Hay que reorientar los actos de gobierno y a la sociedad en su conjunto al buen orden que se había perdido, tan simple como eso. De esta manera, la propuesta del gobierno no deviene en conservadora solo por el contenido de sus propuestas sino, y sobre todo, por la forma en que se estructura al no reconocer la posibilidad de otro lenguaje que instituya un modo distinto de organizar el mundo. Lo que se anula es la posibilidad misma de distribuir los lugares de otra manera y la legitimidad de los actores que aspiran a otro tipo de ordenamiento.  
Ahora bien ¿de qué manera aparece el orden en la propuesta de Alberto Fernández? Contrariamente a lo que se podría suponer en base a que no parece ser una palabra propia del léxico nac&pop, la idea de orden ocupa también un lugar principal en el discurso de Frente de Todos pero con una connotación ciertamente diferente a la que tiene en las líneas oficialistas. Para empezar, ya desde uno de sus primeras intervenciones mediáticas el ex Jefe de Gabinete convoca a “ordenar el caos” que la administración Macri está dejando y apela a su experiencia dado que en el 2003 él ayudó “a sacar al país de la crisis”. Esta es una línea que el kirchnerismo ya había comenzado a explorar en el turno electoral del 2017 cuando la ahora senadora Cristina Fernández de Kirchner manifestaba en sus actos que el actual gobierno “le desordenó la vida a la gente” y era esa situación la que se volvía necesario reorganizar en lo que hoy llama un “nuevo contrato social”. Pero cuando el binomio opositor habla de orden evidentemente no está pensando en la seguridad, los piquetes o los controles fronterizos con los países vecinos como indicábamos en los párrafos anteriores ¿A qué se refiere la fórmula Fernández-Fernández con ordenar? La frase de una ciudadana que aparece en un spot publicitario puede ayudarnos a clarificar esto. Ella expresa que Alberto Fernández es desde su punto de vista la esperanza de “tener una vida planificada, ordenada, donde uno pueda saber qué compra mañana en el supermercado y saber si le alcanza o no la plata”. El sentido del orden aparece de esta manera indicando aspectos diferentes al disciplinamiento que transmite el gobierno, encarnándose en cuestiones de otro orden: trabajo, comida y dignidad. El orden está ligado a dar previsibilidad, sí. Pero aquí no tiene que ver directamente con que cada uno haga lo que tiene que hacer u ocupe el lugar asignado autoritativamente, sino a que cada ciudadano pueda cubrir sus necesidades más elementales. El orden no es la quietud o la inmovilidad producto de que todos individualmente respetan lo que les toca, sino que aquí aparece bajo la forma de la posibilidad misma de transformar la vida de las personas, de repararles un daño que el presente les efectúa. Eso es una sociedad ordenada en la propuesta del Frente de Todos.
De este modo, vemos que la construcción del orden impulsado por Juntos por el Cambio es impugnada por la oposición tornándola una palabra polémica. En otros términos, se produce la politización de lo que implica el buen orden, que desestructura algunos sentidos enraizados y evidencia otras articulaciones posibles dando cuenta de su carácter político: lo ordenado se construye, no es autoevidente. El orden en la Argentina no significa solo lo que el macrismo quiere que signifique, reavivando nuevamente una de las discusiones más antiguas de la filosofía política. Y así, quizás este 2019 estemos eligiendo, una vez más, en qué tipo de orden queremos vivir. Porque al final de cuentas la política es siempre la disputa por el sentido del orden.





jueves, 28 de febrero de 2019

Tendencias políticas cordobesas, algo más que números.







Los números obtenidos por la Consultora JWC sobre el escenario electoral nacional y provincial entre los votantes de Córdoba durante la pasada semana nos son de ayuda para efectuar una serie de reflexiones acerca de la estructuración política vigente en nuestro país. Partiendo de ellos, en las siguientes líneas apuntaremos tres cuestiones que consideramos de relevancia para pensar el panorama electoral que se cierne sobre nosotros en este 2019. A saber, las tendencias de los últimos meses que se afirman de manera cada vez más contundente; la forma que tiene el escenario electoral a nivel nacional; y la forma (ciertamente distinta a la primera) que el escenario electoral provincial asume en el territorio cordobés. Vamos por partes.
Respecto al primer punto, la nueva medición refuerza varias de las ideas que marcamos en anteriores intervenciones sobre el voto a presidente entre los cordobeses: concentración en dos alternativas, normalización respecto a los números nacionales y aumento de los arrepentidos del balotaje 2015.


Por un lado, la disputa por la presidencia en Córdoba está centrada en dos opciones. Según los números, la primera vuelta electoral para presidente presenta como ganador a Mauricio Macri con un 29% (y un 33% proyectando indecisos), seguido por Cristina Fernández de Kirchner, 25% (escalando a 29% sumando indecisos) y bastante por detrás aparece el resto de los precandidatos consultados. La cercanía entre el presidente y la actual senadora muestra que el juego electoral presidencial, incluso en Córdoba, se encuentra concentrado entre estos dos competidores. Mientras Macri mantiene un nivel de intención de voto alto pese a sus escasos logros de gestión, la ex presidenta ya alcanza sus históricos porcentajes para su espacio en la siempre hostil Córdoba (los niveles actuales ya emulan los guarismos obtenidos en 2007 por ella misma y en 2015 por Daniel Scioli). Por otro lado, Córdoba tiende a acercarse a las medias nacionales y ha dejado de ser el bastión amarillo del 70% que le permitió ganar a Cambiemos las elecciones de 2015. Incluso en un escenario de balotaje y con indecisos proyectados el resultado es 56-44 a favor del oficialismo nacional. Esto es, hoy se podría augurar un nuevo triunfo cambiemita en la docta pero lejos de la contundencia de los casi 43 puntos de diferencia con los que arrasó en el balotaje 2015 (incluso en Córdoba capital cuya diferencia ascendió a 50 puntos, hoy el registro está en torno a los 4 puntos a favor de Cambiemos). En el mismo sentido, en mediciones anteriores obtuvimos que el 28% de los votantes del balotaje de Macri en 2015 no volverían a hacerlo si se diera una circunstancia igual este año. En este nuevo sondeo, ese número asciende a 35%. El porcentaje se agrava al consultar sobre la valoración del voto en el balotaje 2015; solo el 55% de quienes votaron a Macri en esa instancia consideran que fue una buena decisión hacerlo. 


En otro nivel, las elecciones de mayo para gobernador mantienen como amplio favorito al oficialismo provincial, que sin haber comenzado explícitamente su campaña y haciendo uso de su lugar de incumbent  ya alcanza un 28% de intención de voto y aventaja en más de 10 a la segunda opción. En tercer lugar queda Pablo Carro con un ascendente 12% y una importante porción de 18% de indecisos. 


Ahora bien, más allá de los tradicionales datos que se leen en las encuestas creemos que es posible derivar algún análisis más sobre lo que acabamos de señalar. Acerca del escenario nacional acabamos de decir que existe una nítida concentración bipolar de los electores. Por un lado, Cambiemos nuclea a gran parte de lo que podríamos denominar no-peronismo y por otro, el espacio que conduce Cristina Fernández de Kirchner se constituye como el polo antagonista que hegemoniza (a falta de un mejor nombre) la franja peronista. Estos dos centros, no solo tienen diferencias programáticas y distancia ideológica relevantes sino que están en constante tensión exacerbando la oposición entre ellos, lo que deriva en la creciente polarización que observamos, distancia más intensidad. Esto genera cierta atracción hacia quienes en principio no están ubicados en ninguno de los dos polos, es decir, las terceras opciones, por ejemplo el peronismo de Alternativa Federal con su clan de dirigentes aspirantes a presidente no terminan de escalar en las encuestas porque los polos mencionados saturan el sentido la discusión y los dejan en un lugar irrelevante y hasta difícil de comprender para el ciudadano medio. Esto no depende de exclusivamente de la capacidad estratégica de los dos espacios preponderantes, sino que responde a la forma misma en que se estructura el espacio político nacional, no parece haber lugar para terceros. En otros términos, la ambigüedad con la que las opciones de centro intentan moverse, dado el escenario polarizado con escaso margen de maniobra, se traduce en falta de claridad, posiciones tímidas, lo que no inspiran confianza al electorado demandante de posicionamientos claros y que reclama por una oposición capaz de representar un cambio. De manera tal que estas opciones parecen desgranarse en favor de las dos principales opciones que estructuran la discusión. Este razonamiento es parcialmente corroborable, no solo por los números que los candidatos obtienen en su intención de voto sino también a partir de la pregunta sobre qué harán en un potencial balotaje entre Macri y Cristina aquellos votantes que optan por opciones distintas a Cambiemos o Unidad Ciudadana. La gran mayoría de ellos es capaz de elegir una de las dos opciones en base a su ordenamiento de preferencias. En otros términos, aun como segundo óptimo los dos polos resultan suficientemente atractivos para los votantes que no conforman los núcleos duros.

En síntesis, si ordenamos las opciones el mapa electoral nacional en un sistema de coordenadas cartesianas según el eje peronismo y no peronismo y derecha e izquierda obtenemos el gráfico que reproducimos a continuación y  que a nuestro criterio da forma a la política nacional con sus dos polos estructurantes y articulantes:


Finalmente, cuánto de lo que estamos afirmando sobre el escenario nacional se traduce en la arena provincial. ¿Qué similitudes y qué diferencias aparecen? Es sabido que las derivas electorales en las provincias lejos están de ser lineales o de tener correspondencias directas con lo que acontece a nivel nacional. Con ello colaboran los altos niveles de discrecionalidad con el que cuentan los gobernadores, la desnacionalización y territorialización del sistema de partidos y otros atributos que el sistema federal impone. En consecuencia, lo que parece haber en Córdoba a distancia del escenario nacional con “sesgos bipartidistas” es una situación con un único espacio dominante sin un antagonista neto. Si bien Cambiemos aparece como un histórico contendiente que pretende rivalizar con el oficialismo provincial, la cercanía del gobernador Schiaretti y el presidente Macri generan no solo incomodidad hacia dentro del armado cambiemita cordobés sino también cierto desconcierto entre sus votantes. Lo que es más, al analizar el voto en el balotaje 2015 tenemos que un 26% de quienes votaron a Macri en esa instancia, en este año se volcarán por Schiaretti para que continúe como gobernador. A la inversa, entre quienes votarán a Schiaretti para gobernador, un 30% votaría a Macri en un potencial balotaje (y cerca de un 15% lo hará directamente en las generales de octubre), además de haberlo hecho en 2015 un 57%. Esto significa, no solo que las arenas electorales permanecer claramente distinguibles para los electores (lo que habilita este tipo de cruces) sino que el perfil ideológico de los votantes de uno y otro espacio no son radicalmente distintos, compartiendo rasgos que los emparentan y los acercan en el modo de ordenar sus preferencias. De esta manera, Unión por Córdoba se vuelve una opción relativamente atractiva para el votante de Cambiemos en la provincia.

         Por su lado, algo no tan distinto ocurre entre los votantes kirchneristas y su vínculo con el schiarettismo. Mientras que el 34% de quienes votaron a Scioli en el balotaje dicen votar por la reelección del gobernador en 2019 (lo que permite sostener el perfil peronista en ese votante), un 30% de quienes aspiran a la continuidad de UpC votarán a Cristina Fernández de Kirchner en las generales (y 44% lo harán en el balotaje). A la inversa, entre los votantes de la expresidenta en un supuesto balotaje, el 36% reconoce votar a Schiaretti para gobernador. ¿Qué nos dice esto? Nuevamente, la no correspondencia automática entre diferentes niveles electorales y un cruce relativamente alto entre kirchneristas y peronistas cordobeses (por ejemplo, alrededor de un 40% de los votantes de Pablo Carro afirman que de no tener a ese candidato, votarían a Schiaretti). Así, a diferencia de lo que acontece en ciertos dirigentes entre los votantes no hay un rechazo pleno y UpC es visto como una opción viable por una porción importante del kirchnerismo mediterráneo. 
            Lo que tenemos entonces es una estructura en donde hay un solo polo de relevancia en la provincia (la lectura de la imagen del gobernador cruzada con el voto a gobernador permite sospechar la ausencia de un “antischiarettismo” en sentido fuerte, tiene diferencial positivo en casi todos los casos) que funciona como espacio atractivo para buena parte del electorado y sus dirigentes (varios cuadros ex-kirchneristas han dado muestra de ello) sin una alternativa claramente distinguible que opere como contrapeso, tal como sucede a nivel nacional.
La tarea de la oposición cordobesa, particularmente de los espacios nacionales y populares, no consiste entonces en aglutinarse dentro del paraguas del peronismo cordobés en nombre de esos votos cruzados o de la obtención de triunfos electorales ajenos de los que nunca se los convocó a participar; sino que radica en la construcción de una opción que exprese al cúmulo de sectores huérfanos que no encuentran una alternativa provincial que los contenga y manifieste de manera singular una apropiación de la retórica de Unidad Ciudadana. Convirtiéndose de esta manera en el otro polo que equilibre el escenario provincial.
  





lunes, 25 de febrero de 2019

Diez razones por las que Pablo Carro fue elegido candidato del kirchnerismo

Link a la nota de Juan Leyes publicada el 25/02/2019 en LA VOZ DEL INTERIOR:
El diputado nacional Pablo Carro fue ungido como el dirigente kirchnerista que encabezará la lista a gobernador en las boletas que estarán en el cuarto oscuro el próximo 12 de mayo en Córdoba.  
La decisión, discutida por meses, cuenta con el “visto bueno” de Cristina Fernández, aseguran desde los partidos que conforman Unidad Ciudadana (UC) en Córdoba. 
Ese apoyo de la “jefa”, como les gusta a los militantes K llamar a su dirigente, quedó plasmado en la letra de un acta que los partidos firmaron el viernes pasado. 
La definición estaba entre tres nombres, el propio Carro, la diputada Gabriela Estévez y, aunque el pensamiento no fuera correspondido, incluso desde el kirchnerismo se apostaba por el nombre de Tomás Méndez, quien más mide en encuestas entre estos nombres. 
Fuentes cercanas a Máximo Kirchner aseguraron la semana pasada que la expresidenta prefería que el candidato fuera “un hombre”. De todas formas, las razones son varias, tanto que hasta podría considerarse que otra opción no hubiera sido posible. 
  • Razón 1. Gabriela Estévez viene desarrollando un trabajo encomendado por el Instituto Patria que es trabajar por la unidad del peronismo, es decir, entre el cristinismo y Unión por Córdoba (UPC). Un encargo que, en conversaciones con La Voz, Carro también reconoció como propio. Ambos, aunque conscientes de la dificultad que eso implica en vistas de la elección local, no dejaron de tender puentes hacia el PJ local, sobre todo hacia el ala delasotista. Asesores de la diputada siempre dejaron claro que la apuesta de Estévez era esa, por eso desde su núcleo hasta se especuló en que no hubiera una candidatura hasta que no estuvieran cerradas todas las puertas con el schiarettismo. Incluso, afirmaron que la apuesta de Estévez es desde el 12 de mayo en adelante, un día después de la elección a gobernador, trabajar junto con Natalia de la Sota por la diputación. De esta manera, una fuerte candidata a encabezar la fórmula como Estévez ya contaba con un plan trazado hacia las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (Paso). Lo nacional, por sobre lo provincial. 

  • Razón 2. Las encuestas. En distintas mediciones a las que tuvo acceso este medio, el diputado Carro conserva e incluso supera la intención de voto con la que obtuvo la banca en su única y última elección. En 2015, la boleta cristinista alcanzó el 9,72 por ciento de los votos. Si bien algunos referentes de Unidad Ciudadana aseguran que “los votos son de Cristina” y que los encuestadores sólo miden a Carro a la hora de hacer los sondeos, también es cierto que el sindicalista (es dirigente de la CTA de los Trabajadores) es el referente más conocido de los dirigentes K provinciales entre los votantes. Por otro lado, su imagen negativa no es demasiado alta. Cabe destacar que la encuestadora JWC, luego de un relevamiento de 1.010 casos telefónicos en febrero, estimó que el 25 por ciento de los que votarían a Carro no lo conocen, pero sí lo hacen por el sello kirchnerista. 

  • Razón 3. Emparentado con esta última razón, un bajo rendimiento en las provinciales en mayo es un “mal resultado” para Cristina rumbo a octubre. Dicho por los propios dirigentes de UC, aspiran a mantener los números de la última elección o superarlos. Por lo que no podían apostar a un candidato que rindiera menos. “No cualquier candidato junta los votos de Cristina”, dijo un alto referente de este espacio a La Voz.  

  • Razón 4. El factor Méndez finalmente no prosperó. Desde el Partido Solidario (PSOL), de Eduardo Fernández, y desde el entorno de la diputada del Parlasur, Cecilia Merchán, trascendió que las conversaciones con el partido del periodista se venían estableciendo desde el año pasado con el propósito de lograr una unidad para ir a elecciones. 

  • Razón 5. Carro es un candidato “no peronista” y esto es un elemento que tuvo peso en la decisión. Desde Unidad Ciudadana es compartida la idea de que en Córdoba el objetivo es que no gane Cambiemos, y disputarle votos peronistas a Juan Schiaretti pone en una posición incómoda al cristinismo, ya que la expresidenta pretende que su espacio siga trabajando con el peronismo local para sumar apoyo a su candidatura en las Paso y en las elecciones presidenciales de octubre.  Para tener en cuenta, según JWC en una medición, los votantes de Schiaretti y Carro atraen fracciones similares del voto a Scioli en el balotaje 2015, 34 y 32 por ciento, respectivamente.

  • Razón 6. Los legisladores provinciales del bloque kirchnerista Córdoba Podemos no construyeron una referencia fuerte para una candidatura. Durante un tiempo, en la Unicameral se mostraron como fuerte oposición al gobierno de Schiaretti, en otras oportunidades apoyaron las leyes del oficialismo. Consultados, varios referentes de UC, aseguran que los legisladores Martín Fresneda, Carmen Nebreda, Franco Saillén y Vilma Chiapello “arrancaban de atrás” en la competencia con Carro y Estévez. Por un lado, porque los diputados nacionales, al estar en Buenos Aires, fortalecieron el contacto con los referentes nacionales del kirchnerismo. 
El propio Fresneda –quizás uno de los más conocidos junto con Nebreda, ya que fue funcionario de Cristina– optó por bajar su perfil en el último tiempo. 
  • Razón 7. No hubo disputa interna en UC, los referentes tenían la seguridad de que el candidato iba a salir por consenso. “Puede haber un poco de tironeo, pero no me parece que la interna vaya a ocurrir, yo creo que nos vamos a poner de acuerdo”, había dicho el diputado el mes pasado. Consciente de los tiempos, el propio dirigente hasta había aventurado una fecha para la definición de la candidatura en la primera quincena de febrero. Desde el Consejo de Organizaciones de Unidad Ciudadana insistieron reiteradamente en que había que definir rápido el candidato, pero siempre con la idea que todos irían detrás del que fuera escogido, sin internas. Sólo Fernández mostró sus intenciones de candidatura y, en la última semana, la diputada Merchán salió a pararse como candidata a gobernadora, pero ahora todos bajaron sus aspiraciones y se encolumnaron detrás de la propuesta del docente universitario Carro.  

  • Razón 8. El consenso fue fuerte. El viernes pasado estamparon su firma varios referentes de Unidad Ciudadana y ya no hay discusión. El acta que suscribieron refleja la determinación  de la conducción del frente: firmaron el Partido de la Victoria, representado por su apoderado, Ignacio Baselica; el Partido Comunista, representado por su presidenta Solana López, Horacio Viqueira, presidente del Frente Grande, el partido Nuevo Encuentro, representado por Federico Iribarren; el partido Kolina, con su presidente José Luis Bianchi y el partido  Solidario (PSOL), representado por Eduardo Fernández. Además, firmaron el acuerdo Estévez, Carro, Merchán, Nebreda, Chiapello y Saillén.

  • Razón 9. Es un candidato “limpio”. No está emparentado a la denunciada corrupción K que hace mella en la confianza de los votantes hacia ese espacio. Nunca fue funcionario de la administración de Cristina Fernández. 

  • Razón 10. Carro tiene un relevante ascendiente sobre la militancia, razón que posibilita sumar adeptos para la campaña. Su origen son las organizaciones que conforman UC, no proviene de una estructura partidaria. Aunque del Consejo de Organizaciones insisten en que fueron los que propusieron a Carro como candidato en 2015 y que desde hace un tiempo se mantiene alejado de ese espacio, no dejan de reconocerle su llegada a los militantes de base. Cuando participa de marchas y actividades partidarias, son muchos los que se acercan a él para sacarse una foto de recuerdo.  

miércoles, 20 de febrero de 2019

"Schiaretti ¿no puede o no quiere?", la columna de Andrés Daín

Andrés Daín en su columna semanal en NADA DEL OTRO MUNDO FM102.6 habló de porqué no hubo unidad en Córdoba. El gobernador Schiaretti ¿no quiere o no puede hacer la unidad del PJ en Córdoba?  escuchala acá 👇


jueves, 27 de diciembre de 2018

Datos para combatir prejuicios






Los recientes datos sobre el escenario político nacional y provincial obtenidos por la consultora JWC pueden sernos de ayuda para desterrar al menos dos ideas bastante arraigadas en los últimos años en nuestro imaginario político. Ideas que se repiten sin demasiado rigor o testeo pero con la fuerza de las verdades reveladas. Nos referimos en primer lugar a una suerte de muletilla muchas veces enunciada a modo de chicana, “la Córdoba del 70% de Macri”, en referencia al porcentaje obtenido en el ballotage del 2015. Y en segundo lugar a la sentencia que reza que “el kirchnerismo en Córdoba es un espacio político marginal y está condenado a seguir siéndolo”. Ambos enunciados, que pueden ser pensados como dos caras de una misma moneda deberían al menos ser tomados con mucho cuidado a la luz de los números que nos ofrecen los sondeos recientes. Veamos…



Aprobación de gestión e imagen de Macri en Córdoba
Los números de Macri en Córdoba según esta medición giran en torno a un 36% de aprobación de gestión e igual porcentaje de intención de voto para las generales de 2019. Estos resultados se encuentran muy en sintonía con lo que otras mediciones le auguran a nivel nacional (véase los trabajos de Rouvier o CEIS). Es decir, Córdoba no le escapa a la media nacional y (por el momento) está lejos de asumir el lugar del bastión cambiemita que circunstancialmente ocupó en el ballotage 2015. Los números del presidente si bien no son decididamente malos, especialmente luego de tres años de gestión cumplidos y pocos logros que contar, tampoco son sobresalientes teniendo en cuenta que es un gobierno que aspira a ser reelegido en menos de doce meses. En otros términos, es una fuerza política competitiva, que no tiene garantizada su permanencia en el poder y de momento Córdoba se acopla a esa tendencia sin mayores diferencias. 
Por otra parte, la principal dirigente opositora, Cristina Fernández de Kirchner, escala a 22% de intención de voto en la provincia y proyectando indecisos alcanza los 27 puntos. Con una imagen positiva (sumando muy buena y buena-regular) que ronda los 39%, tenemos que la candidata de Unión Ciudadana se mantiene dentro de los niveles históricos que ese espacio ha cosechado en la provincia a lo largo de los últimos ciclos electorales (por ejemplo, está por encima del porcentaje de votos en primera vuelta obtenidos por Scioli en 2015 o los que ella misma logró en 2007 y todavía bastante por debajo de lo conseguido en las presidenciales de 2011). Si tomamos en cuenta la cantidad de votos que la provincia mediterránea representa y su consecuente peso electoral, esos porcentajes no son en absoluto despreciables ni mucho menos un dato que nos permita concluir en la marginalidad del kirchnerismo como espacio en Córdoba.



De cada 100 personas que lo votaron en el ballotage 2015, solo 57 dicen que votarían a Macri en las elecciones generales del 2019.
El mito del 70% muestra una vez más que es eso, un mito. Córdoba no está conformada por un 70% de macristas plenos, identificados con el proyecto cambiemita. Si bien ese núcleo duro existe, es decididamente más chico y en el 70% del ballotage estuvieron no solo ese grupo de votantes que podríamos considerar propios, sino también una pluralidad de sectores que coyunturalmente decidieron apoyar al cambio. Podría sugerirse que buena parte de esos adherentes circunstanciales son los que por diferentes razones (acaso desilusionados o arrepentidos) hoy no lo votaría en una general a pesar de haberlo hecho en el ballotage 2015 (43%) o no lo votaría en un posible ballotage 2019 a pesar de haberlo hecho en el ballotage del 2015 (28%). Así Cambiemos se configuró como un segundo óptimo para un universo bastante amplio de electores que parece difícil que retenga el próximo año (el antikirchnerismo como factor aglutinante ya no parece ser suficiente). La vara quedó muy alta y sería esperable que retrocediera de aquel histórico resultado.

Kirchnerismo tiene un veto del 55%.
La trillada cantaleta del techo bajo de Cristina ha tenido su versión vernácula en la docta. Esta ha consistido en insistir que el kirchnerismo en Córdoba no existe o es apenas un puñadito de votos. Sin embargo, más de una elección se ha encargado de poner en tela de juicio aquella afirmación y esta medición vuelve a hacerlo. Al consultar por un potencial ballotage la opción “Nunca la votaría” alcanzó con Cristina Fernández de Kirchner un 55% en estas tierras. Es un número alto, sin dudas, pero bastante alejado de los augurios terminales. En otras palabras, lo que también se está develando allí es que el verdadero techo del kirchnerismo en Córdoba no está en los 28 puntos de la segunda vuelta de Scioli en 2015, en los casi 10 de Carro en las últimas legislativas, ni siquiera en el 37% de Cristina del ya lejano 2011. El techo potencial del kirchnerismo está en realidad en torno a los 45 puntos y en consecuencia tiene aún mucho margen para crecer.
El núcleo duro del kirchnerismo aparece bastante consolidado (derivado del dato de que no hay prácticamente arrepentidos de haber votado a Scioli en 2015 que en consecuencia modificarían su voto en el 2019) reteniendo su base que de esta manera asume más la forma de un punto de partida firme antes que un techo infranqueable. Dicho de otro modo, el punto no está en que Córdoba sea completamente refractaria a una propuesta nacional y popular, no hay datos duros para suponer tal cosa, sino en que hay que ofrecerle los nombres y los matices adecuados para que dicha alternativa crezca (los números que se aprecian para Pablo Carro no son nada desalentadores en este sentido). El kirchnerismo lejos de ser necesariamente marginal, tiene potencial para ocupar un lugar expectante en la plaza. Las cartas no están echadas.



La propiedad de la hibridez.
Finalmente, los números relevados en Córdoba otorgan una ventaja relativamente importante para la gestión provincial que supera en más de 10 puntos a los principales aspirantes opositores. De todas maneras, lo interesante en este punto no es tanto la parcial tranquilidad que esto debería otorgarle a los ocupantes del Panal sino el cruce entre los votantes de Schiaretti y sus preferencias electorales a nivel nacional. Lo curioso (o no tanto) es que entre los votantes del actual gobernador hay un 34% que votaría a Macri, un 26% que votaría a Cristina y un 19% de indecisos (un reparto todavía más parejo se reproduce al cruzar con los votos en ballotage). ¿Qué nos dice este cruce y sobre todo los porcentajes distribuidos de forma más o menos homogénea entre las opciones? En primer lugar, refuerza algo que la literatura politológica viene detectando hace tiempo como es que las batallas electorales no son juegos anidados sino que tienen un alto nivel de autonomía y en donde la oferta partidaria no se ordena de manera análoga en todos los niveles y mucho menos reproduce resultados. En segundo lugar, da sentido a la decisión de los gobernadores (entre ellos el propio Schiaretti) de alejar la fecha de las elecciones provinciales de las presidenciales para evitar la contaminación o en términos estrictos la nacionalización. En el caso puntual de Córdoba ¿Cómo jugar en un escenario en que mis propios votantes están distribuidos en cantidades parecidas entre el oficialismo nacional y su principal antagonista? ¿Cómo construir un discurso que se diferencie de un oficialismo nacional (con el cual se tiene una más que excelente relación) sin quedar en la vereda de su principal opositor (con el cual no quiero tener nada que ver)? Ante ese tipo de interrogantes lo más útil parece desdoblar lo máximo posible, resolver el frente interno y luego (en el caso de que salga bien) negociar con los candidatos nacionales desde la tranquilidad del triunfo. Y tercero, pone en evidencia el carácter híbrido de muchas provincias y fundamentalmente de Córdoba. Lejos de ser una provincia amarilla, Córdoba es fundamentalmente híbrida. La ciudadanía vota en cada instancia de forma diferente, produciendo resultados que desde una mirada que aspira a una coherencia absoluta resultan difíciles de explicar. Así, es que se pueden encontrar votantes kirchneristas a nivel nacional que votan a Schiaretti o votantes de Macri que también votan al actual gobernador teniendo opciones cambiemitas en la plaza. En ese marco Unión por Córdoba ha sido lo suficientemente astuto y ambiguo en su accionar político como para mantener esos apoyos que a nivel nacional se dividen. En ese fino equilibrio es que juega y por ahora parece no caerse. No es tiempo de purezas, es la hora de la hibridez.