lunes, 1 de febrero de 2016

Apuntes tras la derrota




A partir de ahora será imprescindible tener discurso político por distrito, se deberá saber desarrollar discursos políticos dando cuenta de la especificidad de cada distrito, construir adhesiones, buscar transversalidad. La política argentina se estructura en los distritos y provincias. La transversalidad te la dan los parámetros regionales, nunca lo nacional. Cada una de las plazas tiene un comportamiento completamente distinto. Buenos Aires, por ejemplo, es un “país”, no una provincia, y cada departamento es una provincia. En Buenos Aires, el PJ tiene una complejidad que va desde ultraconservadores hasta radicales liderando el PJ, por  lo tanto no hay una receta general para la provincia.
La Cámpora es una organización con aspiraciones de poder y en la línea del proyecto de Néstor y Cristina. Tiene una naturaleza distinta a cualquier otra organización, casi inédita. Hoy esta fuerza ya no es “oficialismo”, debe permearse de ese nuevo lugar que le toca jugar. Deberá aprender a construir una propuesta política, un proyecto, a partir de recuperar la capacidad de escucha. Para La Cámpora como para cualquier espacio militantes serán necesarios entonces nuevos significantes, nuevos valores, nuevos sentidos.
El militante deberá aprender a modular en todos los sectores sociales, saber a quién le está hablando. Hay que comprender que la demanda social no se trata de decir lo que la gente quiere escuchar. La lucidez está en conectar los decires y multiplicarlos. Esto ya sucedió en algún momento de la historia, Néstor Kirchner tuvo mucha sensibilidad para captar la demanda social; el tenía ascendencia en la sociedad para conducir y liderar desde una mirada policlasista.
Los últimos 3 años de gobierno la militancia se caracterizó por la defensa de lo realizado y no por el avance, le tocó desempeñar un papel  bastante odioso: la posición defensiva, tratar de explicar todo lo que se hizo y las formas fueron criticadas de autoritarias, antidemocráticas e inclusive hasta  antipopulares.  A partir de ahora será necesario salir de ese papel de portador de una “verdad revelada”, “de iluminado”. Será necesario enfrentar prejuicios y reconocer que parte del problema del prejuicio fue el estilo, en primer lugar, y, la estética retórica en segundo lugar. La militancia, por lo tanto, tiene un proceso de redefinición por delante.
Respecto al FpV hay que admitir que cometió muchos errores sustanciales. En primer lugar el manejo del timing político para generar un candidato, para posicionarlo, para generar un discurso ganador. En segundo lugar el discurso de Scioli fue un discurso de perdedor, se pasó discutiendo si era cambio o continuidad. No se usó a favor la herramienta de la alternancia dentro del espacio. De pronto “era un problema” que Scioli no se parezca a Cristina, nunca se propuso como una alternancia. Tampoco se supo instrumentar las internas, en todos los casos hicieron daño hacia adentro. Por ejemplo, en La Plata: Bruera vs Saintout. Bruera poseía más aparato y estructura pero tenía un techo muy bajo, en cambio Saintout tenía mucha más posibilidades de crecer electoralmente aunque carecía de aparato. La moraleja es: no hay que elegir al que “mide bien” sino al que mejor crece. 
Por último se debe admitir que se perdió el control sobre la agenda, la operación mediática fue floja, se confío demasiado en la supuesta objetividad de las “medidoras”  y no se disputó la ola ganadora. Todos los sentidos impuestos fueron asumidos como verdades indiscutibles sin apelar a la capacidad de revertir algunas lógicas.  En conclusión de ahora en más habrá que hacer como hizo quien cita un tal José de San Miguel: “A Néstor si lo corrían con el impuesto a las ganancias, hubiese pateado el tablero y no sólo discutir el impuesto a la ganancias, sino discutir todo el sistema tributario”.