miércoles, 30 de marzo de 2016

Los sentidos usurpados





La premisa sobre un cerrojo mediático, si bien rebasa en evidencias, hoy es poco disputable porque la opinión pública está muy estructurada. Los periodos post electorales se caracterizan, entre otras cosas, por cierto efecto de estructuración al que se induce a los diversos sectores sociales con la compulsa electoral. Fenómeno que explica eventos como la “luna de miel de los primeros 100 días”, entre otros. Con el tiempo esta estructuración empieza a derrivarse y sus sentidos empiezan a diluirse. Emergen entonces conflictos y opiniones particulares, cuyo cúmulo genera microclimas y matizan las sensaciones sociales monopolizantes. Es decir que, con el tiempo, paulatinamente, el escenario irá nuevamente complejizándose de una forma que desconocemos aún. Y lo local, inclusive lo personal, volverá a ser relevante a la hora de entender el escenario político. Pero, también paulatinamente, los medios desplegarán nuevamente  ciertas tácticas (actualizadas) para frenar este proceso, y actuará intensamente en dirección a volver a homogeneizar el escenario político para poder controlarlo.
ES decir, hoy asistimos a cierta paridad o cópula de sentido, entre las resonancias mediáticas y la mentada opinión pública. Es por ello que  sería interesante dejar en tácito la disputa con los medios. Esto no quiere decir que no haya determinismo de los medios masivos de comunicación, lo hay, pero insistir en “culparlos de la realidad” es, de cierto modo, recaer en una profecía autocumplida. El “revanchismo” que oferta un escenario polarizado como el actual hacen predecibles los movimientos de las partes.  La capacidad de anticipación mediática es tal que hace parecer a la oposición (el kirchnerismo) actuar solamente en defensa propia, dejando de lado sus cualidades propositivas y aislándose de su capacidad de incidencia en la agenda.
En todo caso, la disputa es con el sentido. El sentido que están adquiriendo algunos de los significantes políticos claves para entender la época. Sin dudas el macrismo ha sido audaz en la usurpación de los significantes claves del sentido popular. Durante su campaña hablo de “alegría”, “cambio” y de “revolución” (inclusive en Córdoba tuvo la audacia política de hablar de un nuevo “cordobazo”) Hoy el sentido a disputar es el de los “derechos humanos”. Se pretende alejar el sentido local y nacional de los derechos humanos, asociado a la búsqueda de verdad, memoria y justicia por los crímenes de lesa humanidad; y se arrastra  su interpretación al campo de la lucha internacional contra el terrorismo y el narcotráfico. Detrás de esta operatoria de transnacionalización del sentido de los derechos humanos se pretende eludir las responsabilidades del Estado en el uso de la violencia,  y se reposiciona a la Argentina, sin el consentimiento del pueblo, en una agenda internacional que no le es propia ni en sus resonancias.

En conclusión, es imprescindible la emergencia de nuevos significantes provenientes del campo de la heterogeneidad social. Para ello es importante volver a escuchar, volver a la dimensión territorial.