sábado, 30 de abril de 2016

El gallito ciego





El kirchnerismo está atrapado en el dilema de ser el pasado, eso no es un problema, el problema es que se capilariza la idea de ese pasado como “lo pesado”: el peso de la historia, el peso de lo “político”.
En general el pasado “siempre es pesado” pero si a eso se le suma cierto sobrepeso como el que suscita el sintagma “pesada herencia” se hace prosperar una negación del mismo. A su vez, el pasado puede teñirse de vergüenza por las “injurias” que, en este caso, activa el discurso de la corrupción (por aquí pasó unos de los éxitos electorales del macrismo y reside buena parte de porqué el macrismo está teniendo margen de tolerancia)
Para salirse de allí, hay que volver a representar una alternativa que, sostenida en una historia reciente altamente exitosa, pueda representar de manera verosímil un proyecto futuro. En este sentido, hay que volver a disputar y recuperar los significantes asaltados como también parecería central cierto esfuerzo por cambiar el tono anímico: conectar con cierta afectividad positiva que no sea precisamente la alegría, sin caer en impostaciones o en ficciones emocionales. Si bien una voluntad anímica sobre la política es siempre una pretensión escénica, parece que, dada la velocidad de los ataques hacia la herencia kirchnerista, es necesario dejar de estar enojados y conocer el límite de las tácticas que van por el arrepentimiento del otro. Esto es, salir del morbo, del reproche al votante arrepentido del macrismo, no hacer del votante un responsable del ajuste Pro ¿o acaso los votantes de la contraoferta son responsables de L. Báez?
Hay que hablar desde otro lugar sin ser tan susceptible a la crítica. Correrse de la posición de “gallito ciego” en la cual se ocupa una centralidad victimaria. Con los ojos vendados, afán de pasado y sentimiento de penalidad, ubicados a merced de las provocaciones  de otros, frente a los cuales se está vulnerable y desprovisto  de mejores tácticas de defensa que lanzar palazos al vacío.

En el kirchnerismo hoy impera el discurso autocrítico, esto no solo puede posibilitar que algunos vuelvan, debe también evitar caer en lugares comunes recalcitrantes. Hay masa crítica receptiva de un discurso nacional y popular que se mantendrá digna de este espacio. Hay que pensar en el electorado perdido, en el electorado que el candidato presidencial del FpV no logró retener. Muchos de ellos, volvieron en la segunda vuelta frente al espanto del macrismo, pero muchos votantes del espacio kirchnerista vieron como verosímil el cambio Pro solo por cierta eficacia en el despliegue afectivo del que dio cuenta esta fuerza. Es por eso que, hoy más que nunca, el kichnerismo debe interpelarse en su propio enojo y analizar los riesgos de cristalzación de un relato de  in-dignación.

¿Cambiemos? Algunos dilemas políticos de la Argentina actual





Que el actual presidente haya logrado situarse durante las pasadas campañas presidenciales como el principal líder opositor no es razón suficiente para explicar su triunfo electoral en términos de estrategia. En este sentido, no es ocioso recordar cómo fue la trayectoria política del jefe del Pro, quien fue progresivamente moviéndose desde una mirada muy radical del cambio que situaba al anterior oficialismo en el lugar de la pura alteridad, hacia una propuesta de cambio a partir de la garantización de las principales políticas desarrolladas desde 2003. Este desplazamiento retórico es ineludible a la hora de comprender el éxito del despegue electoral del Pro, que logró romper con su propio techo electoral (ubicado en torno al 20%-25%) el cual se definía fundamentalmente a partir de un discurso recalcitrante que sólo lograba interpelar a lo que representa del algún modo el núcleo duro del votante argentino conservador, neoliberal o pro-mercado. Mauricio Macri logra romper con ese techo en la medida en que “modera” su discurso. Y aquí, desde nuestro punto de vista, se encuentra una de las claves de su triunfo. Para avanzar es preciso especificar que nunca hay moderación a secas y que, por lo tanto, se trató de una moderación específica, con un contenido ideológico concreto. Si el contenido de la agenda opositora durante los años del kirchnerismo estuvo muy condicionado por la agenda mediática, la cual a su vez estuvo (y está) sumamente determinada por los grandes conglomerados mediáticos, durante la campaña presidencial de Macri, el contenido de dicha moderación fue principalmente llenado, paradójicamente, por el kirchnerismo. En este sentido, moderarse para Macri fue reconocer los múltiples logros del kirchnerismo, logros desde donde el oficialismo supo construir sus mayoría electorales. Esto le exigió alejarse parcialmente de esa mirada maniquea que situaba sistemática y mecánicamente al kirchnerismo en el lugar de la maldad. Esta asunción de una mirada más matizada sobre el kirchnerismo a su vez le permitió a Macri disputar el lugar de Sergio Massa, quien había irrumpido en la política nacional con el “continuar lo bueno y cambiar lo malo”; a tal punto Massa se vio interpelado por esta estrategia que estuvo a punto de declinar su candidatura. Concretamente, nuestra hipótesis en torno a los últimos resultados electorales es que fue precisamente este movimiento discursivo de “moderación” el que cargó de la ambigüedad suficiente a la candidatura de Macri y esto lo situó como una alternativa legítima y verosímil mucho más allá del alcance exclusivo del votante estrictamente conservador.

Seguidamente, desde su asunción como Presidente de la Nación a la fecha, el presidente viene desplegando una estrategia discursiva estructurada en torno a la idea de la “pesada herencia”, deshaciéndose día a día de los parámetros cercados por su estrategia electoral moderada. El punto más nítido de la puesta en acto de este relato de la “pesada herencia” fue su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. A primera vista, este intento de justificar sus poco populares primeras medidas de gobierno parece ser ciertamente consistente con su propuesta electoral en términos de “cambio”. Podríamos decir al respecto que Macri se posicionó como un referente nacional en tanto opositor acérrimo al kirchnerismo (algo que, por cierto, podría plantearse en términos inversos: que el kirchnerismo, de Néstor a Cristina, situó a Macri como su adversario político) de modo que ésta estrategia era tan lógica como esperable. La “pesada herencia” implica, básicamente, endilgar todos sus propios problemas de gestión al gobierno anterior. Si antes el kirchnerismo había hecho muchas cosas buenas y defendibles, ahora lo que se recibe es un Estado elefantiásico híper poblado e ineficiente que justifica los despidos masivos, una macro economía devastada por el despilfarro y la emisión monetaria descontrolada que hace necesario y racional un ajuste fiscal para frenar la inflación.

Aquí el actual presidente puede tener un problema. Por un lado, es una idea sumamente diseminada tanto en los lenguajes politológicos como consultoriles que la gran mayoría del electorado argentino es de centro, pero no es nada obvio que el sentido de lo que el supuesto centro ideológico representa sea trascendental ni universal. Por el contrario, en la Argentina actual el “votante medio argentino” (sintagma mitológico del que tanto gusta la politología canónica y los consultores) adhiere a un Estado regulador y redistribuidor, tanto en términos sociales como desde el punto de vista económico. Está muy ampliamente de acuerdo con políticas sociales como la Asignación Universal por Hijo, con las estatizaciones (AFJPs, YPF, Aerolíneas Argentinas), o con una política macroeconómica expansiva. El problema aquí es claro ¿Cuál será la efectividad del discurso de la herencia recibida para que las amplias mayorías resignen los fundamentos de su voto?

Hay al menos otro aspecto de esta remake antikirchnerista rabiosa, que refiere a la cuestión de la gobernabilidad. Claramente el principal bastión de la gobernabilidad de Macri está en los poderes fácticos y el cerco informativo por parte de los medios de comunicaciones hegemónicos. Pero en lo que respecta al sistema político propiamente dicho, Macri está construyendo su gobernabilidad a partir de lograr el apoyo de los gobernadores de provincia que siempre se movieron mucho más al compas de la caja de la Nación y del relativo grado de discrecionalidad permitida por la estructura del federalismo fiscal argentino que por la identificación ideológica con un determinado discurso político. Como moneda de cambio, los gobernadores ofrecen apoyo político y hacen posible que el Pro obtenga la mayoría parlamentaria que necesita para avanzar en sus reformas. Esto de algún modo es lo que le posibilitó a Menem lograr el poder político suficiente para llevar adelante las reformas más dramáticas de nuestra historia democrática reciente. Pero esta no es una cuestión reductible exclusivamente en términos de toma y daca. La tesis de la “pesada herencia” y, su corolario, la inevitabilidad y racionalidad de las reformas conservadoras emprendidas legitiman ideológicamente el apoyo a Macri por parte de sectores opositores que temen quedar en el lugar de la intransigencia y, lo que es peor, de la irracionalidad. En consonancia con esto hay otro elemento ideológico que está operando en esta misma dirección: poner a Cristina Fernández de Kirchner en el lugar de la pura maldad, lo que le permite a Macri partir nuevamente el campo político en dos, dejando del lado contrario al kirchnerismo tanto a los gobernadores como a todo el pejotismo antikirchnerista. El problema para esta estrategia de gobernabilidad es que el kirchnerismo cambió parcialmente esta estructuración del Congreso argentino. Desde la primera presidencia de Néstor Kirchner, a través de la promoción de listas del FpV que competían muchas veces con los peronismos provinciales oficialistas (el caso más paradigmático es la elección a senadores nacionales en la provincia de Buenos Aires de 2005), hasta las presidencias de Cristina Fernández, quien gozando de inéditos indicadores de popularidad armaba las listas de diputados y senadores. Por lo tanto, la capacidad de incidencia de los gobernadores en la conformación del Congreso actual, aun siendo muy notable, no es exactamente la misma de otrora.

En definitiva, la estrategia discursiva de Macri encuentra como límite la contradicción entre su discurso de “pesada herencia” y la estructuración ideológica de la sociedad argentina actual, la cual usufructuó para alcanzar el triunfo. A su vez, opera otro límite de orden institucional encargado de darle relieve a las contradicciones en escena: en el Congreso hay un bloque cuantitativamente relevante, relativamente cohesionado y con un liderazgo fuerte que dejó su mandato presidencial con la plaza llena y cuyo proyecto político ganó las primarias, las generales y perdió el balotaje por un pequeño puñado de votos.

jueves, 21 de abril de 2016

APU: ¿Qué hacer (con el goce)?

Por Roque Farrán l “Cada quien sabe dónde puede operar con el goce irreductible que lo singulariza; no todos podemos con todo. Hace bien saberlo: efecto pacificador del contragolpe de la verdad a la que se accede en el acto”.

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Un peligro que veo en las interpretaciones ensayadas a menudo sobre las elecciones políticas y sus persistencias, es el de cargar demasiado las tintas sobre la remanida cuestión de la "servidumbre voluntaria" y el hacer, en consecuencia, una alusión muy general en lo que concierne al goce como factor explicativo de la repetición de lo peor. Creo que hace falta un poco más de trabajo teórico y práctico para pensar la "servidumbre voluntaria" y el "síndrome de estocolmo" (ver artículo de Foster) como efectos desencadenados (sintomáticos) de la compleja articulación pulsional que constituye al sujeto: deseo-placer-destrucción. Y no sólo a través de la elucidación del operativo mediático sino de las condiciones históricas y los múltiples dispositivos que contribuyen a esta descomposición. En breve, por qué y cómo puede primar la pulsión de muerte por sobre la pulsión de autoconservación y la pulsión sexual, sin desconocer que el sujeto se compone de todas ellas y no es posible, por tanto, apelar a un supuesto sujeto racional depurado de goce (sin aparato pulsional) que acceda a una comprensión inmediata y transparente de la cosa política. Hace falta articular otros saberes, prácticas de sí y modos de abordaje de las relaciones de poder, considerando minuciosamente sus singulares modos de imbricación. Hace falta mostrar la variedad de modos de goce en su rigurosa singularidad y dar lugar a través de la escritura, el pensamiento y la exposición de ellos a que se abra la posibilidad de captar cómo es que no se reducen a una estructura de simple oposición externa.

domingo, 17 de abril de 2016

JPro





La fabricación on going de una “juventud peronista Pro” es un oximorón político que, sin embargo, ya logra mostrarse al menos en imágenes. Imágenes que bien hablan de la usurpación necesaria a los significantes de las experiencias populistas que efectúa el proyecto neo gobernante en su afán de lograr cierta legitimidad hegemónica. Hay en esto, evidentemente, algo bastante burdo en juego. Sin la sensibilidad adecuada, la propuesta republicana se afana por construir un colectivo juvenil que le de masa crítica en los actos públicos, y para ello apela a una descarada manipulación del sentido ajeno, al cual toquetea como si se tratara de simbología pura, de una suerte de tarot o truco de magia apto para todo público. Reproducen así, de manera errática, signos que desconocen o que directamente mal tratan como refritados. 
Es inegable que en la actuación que hacen de estos sentidos, en su tratamiento de superficie, se luce falta de creatividad y de sentido propio. Pues la JP, presentada de este modo, queda situada como aquello que, en clave marketinera, se llama "el aspiracional", que es eso que suscitan las primeras marcas y que las segundas no hacen más que imitar. Y el populismo, más bien sus instituciones presentadas así, se evidencia entonces como el fantasma del Otro sin barradura para el proyecto neo, como aquello a seducir en busca de un reconocimiento que minimice su "condición temeraria" de alteridad. Algo con lo cual coquetear como coquetean los niños con los cucos, las caperucitas con los lobos. Condición puramente proyectiva, de un imaginario inflado como globo, que habla más de la paranoia del receptor que de otra cosa.


Veintitres: La servidumbre voluntaria

Por Ricardo Forster
Opinión


Vivimos en la sociedad del espectáculo y de lo que algunos pensadores contemporáneos han llamado la “época de la estetización del mundo”, un tiempo caracterizado por la combinación de un capitalismo “artístico” inclinado a la forma “bella y espectacular”, al diseño cuidadoso de todos y cada uno de los objetos que rodean nuestra vida cotidiana y a la invención de mecanismos hipersofisticados de producción de mercancías envueltas en un “aura” fascinante que alimentan permanentemente nuestra siempre insatisfecha inclinación al goce mientras crece la concentración de la riqueza y la exclusión de millones de personas a lo largo del planeta. Todo esto arrojando el contenido, lo sustantivo, el valor de uso de los objetos que reclaman nuestra atención y que electrizan nuestros deseos, al tacho de los desperdicios, mostrando que lo único relevante es el efecto de fascinación que la mercancía ejerce sobre el ciudadano-consumidor y que ha sabido expandir la lógica del consumo hasta niveles impresionantes atravesando todas las esferas de la vida social e individual. Nuevas y complejas estrategias de colonización de las conciencias se despliegan en el interior de sociedades atrapadas en esta dialéctica que incluye la imposibilidad de sustraerse a la promesa de goce y felicidad que emana de la mercancía junto con la inevitable insatisfacción que atraviesa el mundo del mercado.

miércoles, 13 de abril de 2016

El regreso de CFK





CFK volvió a la arena política. No lo hizo a través de los medios de comunicación, dando alguna entrevista exclusiva o mediante una conferencia de prensa. Volver a la política para CFK fue volver al espacio público ocupado por militantes y seguidores. Tal fue el impacto de semejante movilización popular, que lo medios tuvieron que cubrirla en vivo y en directo. Una vez más, y aún estando fuera del poder institucional, CFK le exige a los medios ir hacia la política, y no someter la política a la lógica mediática.

El primer punto novedoso es el lugar de enunciación de CFK. En Comodoro Py se inauguró un espacio político inédito en la historia política argentina. Por primera vez habla una ex presidenta que cada vez que encabezó una lista obtuvo contundentes éxitos electorales (2005, 2007 y 2011) y cuyo proyecto político dejó el poder tras perder el balotaje con una mínima diferencia pero que había ganado las primarias y las generales. Una ex presidenta que dejó el gobierno gozando de altos niveles de popularidad y liderando de manera indiscutida su espacio político. Esto, que parecía haber sido puesto en cuestión por la prensa hegemónica y por los sectores conservadores de la política argentina, fue rotundamente confirmado por su contundente reaparición. Y fue precisamente el hecho de ser la líder de una identidad política ampliamente diseminada y consolidada lo que le permitió hablar a CFK no sólo a los propios sino a la ciudadanía en general como la representante más legítima de los intereses del pueblo en su conjunto. No habló simplemente como una opositora, siquiera como la líder de la oposición sino que se posicionó en un lugar mucho más ambiguo: entre ser la líder un espacio político (de una parte de la sociedad) y ser la encarnación más verosímil del interés del pueblo argentino (del todo, de la Nación). Ahí CFK cuenta con un poder inédito en la política argentina que (por lo menos por ahora) transciende cualquier cargo y resultado electoral.

Si bien el lugar de CFK no es reductible al de una líder opositora tampoco es menos cierto y obvio que ahora CFK está en la oposición. Lógicamente esto se trasluce en al menos los siguientes aspectos de su discurso:

  • Propone una lectura del macrismo unívocamente opositora. Presenta al gobierno nacional como la alteridad desde la cual construir políticamente. Desde este punto de vista el macrismo es ajuste, retracción generalizada del Estado, en fin, arrebato de derechos conquistados. Y son sus políticas y sus decisiones la que inauguran una nueva grieta entre los argentinos: entre algunos pocos beneficiados y unos muchos perjudicados. Frente a ello, lo racional (no desde el punto de vista de una gobernabilidad a espaldas de la gente, sino en pos de la defensa de los intereses populares) es oponerse, construir una oposición que sea verdaderamente una alternativa y no mera cosmética.

  • El contenido de dicho discurso no es el punto de partida sino el de llegada de dicha construcción política. Esto es en alguna medida un reconocimiento de la necesidad de restablecer en nuevos términos un diálogo con la ciudadanía en general y con la pluralidad de organizaciones sociales y políticas en particular, orientado a construir un nuevo discurso político que interpele a las grandes mayorías.

La misma estructuración del discurso de CFK pone en evidencia cierto reconocimiento de su nuevo lugar de oposición y posiblemente de algunos errores políticos cometidos durante sus últimos tiempos como presidenta. Su discurso se orientó hacia una articulación política y se estructuró en torno a tres significantes claves que son centrales en la retórica liberal-republicana propia de la oposición histórica al kirchnerismo. La apelación a los mismos por CFK es un sustancial tema de discusión.

  • La centralidad de los DERECHOS: se tienen que defender los derechos expropiados. Se defiende la noción de un SUJETO DE DERECHO, con derechos de tercera y cuarta generación (sociales, culturales, etc.). No sólo de la primera y la segunda generación (vida, propiedad, sufragio, etc)

  • El medio para hacer oposición es la construcción de un FRENTE CIUDADANO. No habló de un frente popular. Los límites de este frente ciudadano son obviamente más amplios que los del propios kirchnerismo y buscan trazarse a partir de una diferenciación muy simple y clara ¿estás mejor o estás peor? Alcanza para sentirse parte de este frente el simple hecho de ser un ciudadano cuyos derechos han sido vulnerados.

  • La cuestión de la libertad como centro de dicho frente cambió la agenda y generará una amplia discusión en la oposición. La lucha por la libertad es, tal como la propuso, una lucha por derechos democráticos, laborales y sociales en general. No puede haber libertad con despidos, con miseria, con agravamiento de la situación social.