jueves, 1 de septiembre de 2016

¡¿QUIÉN GOLPEÓ A MI HERMANA?!

Escrito por Agustina Sosa
¡¿Quién golpeó a mi hermana?!
Con 61 senadores a favor, 20 en contra y un país que se sorteaba entre la resignación y el dolor, el Congreso brasilero logró la destitución de Dilma Rousseff. Al frente del gobierno, queda Michel Temer, a pesar del rechazo popular. Y Latinoamérica, alcanza el tercer golpe (¿blando?) de estado por vías parlamentarias.

Un mensaje de distancia era lo que me separaba de mi colega brasilero la noche posterior a la sentencia de la Megacausa La Perla. Decidí cruzar la medianera y compartir el texto que había escrito sobre esto, buscando opiniones y –también- mostrando orgullosa un nuevo avance en materia de Derechos Humanos de mi país (y como si fuera poco, de mi provincia). La intención nunca fue presumir esa nota como vecino que presume su nuevo auto, aunque el resultado fue más o menos similar. No noté que mi vecino estaba atravesando lo mismo que en mi tierra natal se juzgaba: un golpe de estado. A pesar de eso, y con una voz rasgada por el desgano y la decepción, este hombre me felicitó por las palabras y por la sentencia. También me contó de las tristezas cotidianas, de la gravedad de la situación, y de la inminente despedida de Dilma de la presidencia. Se dibujó un nudo en mi garganta; después de todo, así somos los vecinos, podemos chicanearnos por el fútbol, pero en las malas siempre debemos estar.
Ayer miércoles, en todos los noticieros la destitución de la mandataria Dilma Rousseff, ocupó el primer lugar. Algunos decidieron titular golpe de estado mientras que otros –no por tímidos sino por cómplices- simplemente adjudicaron este suceso a una decisión democrática e institucional. Luego de Honduras y Paraguay, el de Brasil, es el tercer golpe de estado televisado, twitteado y atestiguado en las casas de cientos de miles de personas que pudieron seguir esta especie de muerte en etapas. Y, si bien hasta hace unos días Brasil era ese país que nos entretenía con gimnastas volando por los aires y fuegos artificiales brillantes como los trajes bordados de sus bailarinas, lo que parece haber explotado en esta semana es la decisión popular ignorada. El gran interrogante parece ser de ahora en más, en dónde y cómo caerán las esquirlas.

Aquel caballito de batalla llamado “corrupción”

Si alguien hiciera una rápida encuesta en esta zona del mundo preguntando por qué cree que la presidenta de Brasil fue destituida, la rápida respuesta señalaría a la corrupción como culpable. Este argumento parece ser el elegido por los sectores de derecha opositores a los gobiernos “populistas”, para enfrentar y arrastrar a los líderes hacia la justicia de los jueces y la justicia de los medios de comunicación. La utilización del rótulo de corruptos es algo que comenzó allá por el año 2005, cuando los medios de comunicación opositores al entonces presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, comenzaron a avivar el caso conocido como “mensalão”. El mensalão no fue ni más ni menos que la denuncia ejercida por los medios sobre la supuesta compra de votos de parlamentarios opositores por parte del Partido de los Trabajadores. El Supremo Tribunal Federal de Justicia inició un juicio a 38 personas, entre ellas parlamentarios opositores y ministros de la gestión de Lula. Este caso le costó al expresidente tener que pedir disculpas públicas en televisión, pero la cuestión de fondo yace en que el hecho fue condenado a un nivel exagerado, al punto de que algunos afirmaron que se trató del caso de corrupción más grande de la historia de Brasil (obviando lo sucedido durante la dictadura militar o el neoliberalismo de Collor de Mello). Párrafo aparte para la discusión sobre la moralidad vs. ilegalidad del caso, pues la experiencia democrática nos dice que las negociaciones políticas existieron y existirán siempre y –sin ánimo de justificar ciegamente- a veces las leyes y políticas económicas más importante en materia de redistribución de la riqueza y protección a los sectores populares, se logran mediante acuerdos, principalmente cuando el oficialismo no alcanza en votos para aprobar sus propias ordenanzas impulsadas (aunque estos acuerdos no siempre son para beneficio de los ciudadanos: en nuestro país, el pago a los denominados Fondos Buitre se logró gracias al arreglo del oficialismo de Mauricio Macri con senadores provinciales que priorizaron algún tipo de beneficio).

Aunque tal vez el mayor costo político para Lula fue perder a su compañero –y a quiénes muchos aseguran se trataba de su ‘sucesor natural’- José Dirceu. Este hombre, en aquel momento Jefe de Gobierno, fue procesado y actualmente se encuentra en prisión. Dirceu, militante con fuerte protagonismo en el pasado, vivió en Cuba durante la dictadura militar brasilera y uno de los principales intelectuales del PT, tuvo que renunciar a su cargo y fue reemplazado por la entonces Ministra de Minas y Energía, Dilma Rousseff.
Jose Dirceu con Lula y Dilma
Pero es importante destacar que ni el “mensalão”, ni el caso “Lava Jato” (que es aquel por el cual se investigó a muchos funcionarios señalados en procesos de corrupción vinculados con la empresa estatal Petrobras, y que tuvo como acusados a Renhan Calheiros, titular del Senado, el senador Romero Jucá, ex ministro de Planificación de Temer, el ex presidente brasilero José Sarney, así también como Eduardo Cunha, el suspendido jefe de Diputados y uno de los mentores del juicio político a Dilma Rousseff) son causas por las cuales en el día de ayer se juzgó a la ex-mandataria. La ex presidenta es acusada de maniobras fiscales en la administración pública que poco tienen de llamativas o “anormales”, y bien podrían considerarse propias de decisiones ideológicas en términos de pagos de lo que muchos consideran ‘gasto público’ y otros consideramos inversión e intervención estatal con el fin de mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

No obstante y paradójicamente, quiénes sí están vinculados a casos de corrupción son la mayoría de quienes votaron a favor del impeachment de la ex gobernante. Los datos nos dicen que alrededor del 60% de los representantes legislativos de Brasil tienen causas judiciales pendientes, gran parte de ellas por corrupción. Y “36, de los 65 miembros de la Comisión de impeachment, que elaboró el informe favorable a la destitución de Dilma Rousseff, enfrentan acciones judiciales por los más diversos delitos” y “cerca de 200 de los 367 diputados que votaron a favor del impeachment están involucrados en procesos judiciales” (cita del libro “Golpe en Brasil”- CLACSO).

Muchachos de Temer
cunha temer presidencia golpe
Sin duda dos de los grandes mentores y responsables del golpe de estado sufrido en el país limítrofe, son Michel Temer y Eduardo Cunha. El primero, quien llega a la vicepresidencia como producto de una alianza entre el PT y el Partido del Movimiento Democrático Brasilero (PMDB) en el año 2009, ha sido evidenciado por documentos del sitio Wikileaks como colaborador de la inteligencia norteamericana entregando documentos sensibles a su embajada. En tanto que pronunciar el nombre de Eduardo Cunha es sinónimo de delincuencia y ortodoxia, ya que se trata de un personaje polémico: fue nombrado presidente de la compañía telefónica de Río de Janeiro por el expresidente Collor de Mello, comenzando su experiencia en la corrupción estatal. Luego estuvo en la Secretaría de Vivienda de Río, de donde debió retirarse acusado de recibir sobornos y sobrefactura en obras públicas. Fiel “militante” de la homofobia, Cunha intentó proclamar el “Día del Orgullo Heterosexual”, y participa del Frente Parlamentario Evangélico. Vinculado asimismo con la corrupción de Petrobras y poseedor de cuentas no declaradas en Suiza, al saber que el PT no lo defendería en la Comisión de Ética que investiga sus delitos, decidió aceptar las denuncias contra Dilma Rousseff y apoyar el juicio político que posteriormente ocasionaría su remoción del cargo de Presidenta.

No sólo está en juego la economía

Cuando Dilma estaba festejando su último triunfo popular en las urnas, la oposición en conjunto con la Embajada norteamericana y las corporaciones económicas, estaban delineando su final. Junto a los medios de comunicación, lograron poner contra las cuerdas a un gobierno que se vio presionado a ceder y aceptar parte de la receta económica de sus oponentes, y probablemente ese giro hacia la derecha le haya costado muy caro al Partido de los Trabajadores. Fue así que el gigante país en expansión de la mano de los BRICS, se vio en retroceso, quedando sujeto mayormente a la exportación de materias primas y no productos manufacturados, y de la mano de un Ministro de Hacienda preparado en Chicago: “Se convirtieron en imperativos recortar los gastos sociales, reducir el crédito de los bancos públicos, subastar propiedades del Estado y aumentar tasas para llevar el presupuesto de vuelta a una situación de superávit primario. Rápidamente, el Banco Central aumentó su tipo de interés a 14,25%. Y ya que la economía se encontraba estancada, el efecto de ese paquete pro-cíclico fue sumergir al país en una recesión generalizada: caída en las inversiones, disminución de los salarios y duplicación del desempleo. Mientras el PIB se contraía, los ingresos fiscales disminuían, empeorando aún más el cuadro de déficit y deuda pública.”(Golpe en Brasil-CLACSO).
Desgraciadamente, este atropello de la derecha también tendrá sus víctimas en cuestión de derechos civiles y sociales. El país hermano aún se encuentra dividido por colores, teniendo según datos de la ONU: “más del 70% de las personas que viven en la pobreza extrema en el país son negras; 64% no terminan la educación básica; 80% de los brasileños analfabetos son negros; los salarios medios de los negros son 2,4 veces más bajos que de los blancos. En Río de Janeiro, el 80% de las víctimas de homicidios resultantes de las intervenciones policiales son negras. Las tasas de asesinatos de mujeres también tienen una clara dimensión racial. Entre 2003 y 2013, el asesinato de mujeres blancas cayó un 10%; y en el mismo período, el de mujeres negras se elevó un 54%.” (Golpe en Brasil- CLACSO)
Construção

Se necesitará mucho más que paciencia para volver a construir sobre lo que dejarán destruido. Pero si pensamos que una mujer como Dilma Rousseff fue torturada durante 22 días cuando aún no había cumplido 25 años, pudo hacerse lugar en una política tan machista como el mundo que nos rodea y logró ganarle al cáncer, motivos nos sobran para tragar saliva y seguir adelante. Y en esta vecindad acosada por el gigante “señor Barriga” que nos mira desde el Norte, y nos controla mediante organismos como la USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) con herramientas como ONGs que en teoría defienden la democracia pero en la práctica financian líderes opositores o “fogonean” cacerolazos y manifestaciones más violentas, es menester cargarse de paciencia y trabajar para ganar democráticamente. No hay disfraz socialdemócrata que resista cuando un pueblo tiene hambre o siente que ha perdido los derechos que –a veces sin notar- había conseguido. Lo sucedido en Brasil debe servirnos para tomar nota y tener presente lo que el Vicepresidente boliviano -Álvaro García Linera- siempre recuerda: ser implacables con los corruptos propios. Pero ni Lula ni Dilma han sido derrocados en estos días por corruptos. Han sido sacados del poder por ser socialistas y también, en el caso de Dilma, por animarse a ser una mujer valiente en tierra de oligarcas patriarcales. Hoy no sabemos dónde: quizás en el corazón del Amazonas, quizás en ese Norte paradisíaco que tiene memoria o tal vez en el Sur que más conocemos. Tal vez en los cariocas o en los paulistas. Brasil volverá a recuperar su democracia que no es esta mafia mediático-judicial que hoy gobierna. Y la Patria Grande volverá a ser una vecindad pujante hermanada con una vecindad mayor que disputará la hegemonía mundial actualmente manejada por Estados Unidos y la Unión Europea. Y después, quién sabe, quizás volvemos a tener tiempo para pelearnos por Pelé y Maradona. Hoy, nos abrazamos.
foratemer