sábado, 5 de octubre de 2019

¿Son las PASO una "gran encuesta"?





Se ha instalado bastante la idea de que las elecciones primarias, simultáneas y obligatorias son “una gran encuesta”. En las recientes PASO presidenciales participaron 25.861.050 electores, un 76,35% del total empadronado, lo que indica que, si se la toma como encuesta, el margen de error fue de 0,0197%, algo impensado para cualquier encuesta ad hoc. Si bien podemos decir que las PASO son una medición sumamente precisa de las intenciones de voto de cara a las generales, no podemos, sin embargo, afirmar del mismo modo que sea exacta. Recordemos ambas definiciones: la exactitud es qué tan centrada es la medición con respecto al valor “verdadero”, la precisión es qué tan disperso puede ser el resultado de una medición cuando se mide repetidas veces la misma cantidad. Dicho de otra manera, las PASO son una excelente medición pero de algo que no es exactamente lo que necesitamos medir para predecir el resultado de las Generales.

Decir que las PASO no es una encuesta exacta en este sentido es reconocer que muy probablemente no sucederá exactamente lo mismo en las Generales. El resultado del 27 de octubre no será una mera proyección de los votantes que no participaron o que votaron a algunas de las cuatro listas que no pasaron el filtro del 1.5%. El mero hecho de que no estén presentes estas cuatro listas y que, además, el resultado de la misma sea, ahora sí, “vinculante”, en el sentido de definitorio de los cargos a elegir, hacen a las Elecciones Generales de naturaleza diferente. Esto lo sabemos también a fuerza de experiencia: entre las PASO 2011 y las Generales 2011 se movieron 21 puntos (CFK creció 6 puntos, Binner 7 puntos y Duhalde decreció 6 puntos), y entre las PASO 2015 y las generales 2015 se movieron 8 puntos (Macri creció 4 puntos, Scioli decreció 1 punto y Massa creció 1 punto). Pero fueron tan pocas las ocasiones hasta el momento que las especulaciones acerca de cuánto se moverán los guarismos el 27O en relación a las PASO difícilmente puedan basarse únicamente en resultados anteriores.

Algunos investigadores, generalmente afines a las ciencias de los datos, argumentan esta inexactitud reforzando la idea de volatilidad en las intenciones de voto, como si hubiera una suerte de inconmensurabilidad en las preferencias electorales. Para ellos, el resultado de las Generales es diferente al de las PASO sobre todo porque la postura de la gente cambia semana a semana, incluso día a día. Esto conlleva una concepción fragmentaria del comportamiento electoral sesgada al plano de las decisiones, como si se tratara de una mera sumatoria de individuos, excluyendo o relativizando la noción de ideología en el análisis. De todas maneras, consideramos cierto que es importante comprender que el electorado es dinámico y que esa dinámica se explica mejor en términos de un rango de resultados posibles que de números cerrados.

Pero, además, esa dinámica también se explica mejor si se piensa más en un sujeto colectivo que en una sumatoria de individuos, o en un contexto más que en un cúmulo de preferencias. Las Generales arrojan resultados diferentes a las PASO porque el contexto se modifica de una elección a otra, y no sólo porque los candidatos que pierden protagonismo empiezan a generar posiciones favorables en uno u otro sentido, lo que facilita la migración de electores en busca del “voto útil”, sino también porque se suman nuevas variables a considerar en el momento del voto. La búsqueda de consensos tiene para las Generales una mayor incidencia. Aquí es importante destacar que si no logramos discernir con precisión cuáles son las variables que inducen estos procesos y transformaciones es porque las herramientas disponibles para estudiarlos son, justamente, inexactas.

En este sentido, la sistematización de mediciones hechas con la misma metodología que arrojen, mas allá del margen de error, un rango de resultados con su evolución en el tiempo a medida que se acercan las Generales, es de alguna manera la mejor de las estrategias para entender esta dinámica. A eso, es importante sumar la interpretación del contexto que hacen los diferentes sectores del electorado, para lo cual el complemento con mediciones cualitativas es imprescindible, no sólo porque nos permite atribuirle un sentido más eficiente en términos analíticos que simplemente decir que son los “caprichos” (estado de ánimo, preferencias, etc.) de los electores, sino también porque nos permiten acercarnos a la opinión de sectores usualmente deficientemente alcanzados por las encuestas.

Respecto a este último punto es importante destacar que el alcance deficitario que tienen las encuestas, sobre todo en lo que refiere a alcanzar a perfiles sociales y económicos ubicados en los extremos de la pirámide social, en parte responden a la naturaleza obligatoria del voto. Siendo entonces este un problema que mengua en los lugares donde el voto no es obligatorio. En esos casos (ejemplos clásicos son Chile y EEUU) la capacidad predictiva de las herramientas de medición, incluyendo las mediciones en redes sociales, suele ser bastante más aceptable porque votan “los politizados”. No como sucede aquí, donde también participan los supuestos desinteresados en la política.

Es por todo eso que las PASO tienen una enorme utilidad para la trazabilidad electoral, constituyen una herramienta para conocer cómo votan aquellos que no responden encuestas. Pero, como discutimos en los párrafos anteriores, esto no quiere decir que podamos anticiparnos al resultado de las Generales sólo con un análisis de las mismas. Es necesario un complemento cualitativo y seguimientos cuantitativos acotados pero constantes para desentrañar información sobre segmentos clave del electorado, y así construir un panorama sólido sobre qué resultados esperar en las Generales y, sobre todo, encontrar los puntos estratégicos en los cuales concentrar esfuerzos de campaña.






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