lunes, 4 de noviembre de 2019

¿Se puede ser peronista anti-k?


En Córdoba, recientemente, se obsevan algunas operaciones de prensa que buscan despegar de Macri los votos a Macri ¡caramba! 

El argumento sostiene que los cordobeses no son macristas sino anti-kirchneristas, y que la intención de votos es una torsión, es decir que opera por negatividad, "en contra de...", "en rechazo a..."

Mediante algunas conjeturas basadas en yuxtaposiciones entre intención de voto, medición de imagen y percepción de la situación actual en el mediano plazo, se busca reconstruir una idea, ya conocida, que retorna con poca novedad. Consultores y periodistas del cordobesismo no demoran en trabajar para instalarla. Se trata de remontar ese lugar interpretado como “intermedio” entre el peronismo y el macrismo, para ubicar allí la isla imaginaria del peronismo anti-k, o mejor dicho, para situar allí a la falsa conciencia peronista. De ese modo, se sobredimensiona un puñado de electores por sobre el total de votantes a Macri, y se niega un comportamiento político que, en definitiva, es lo que es: una expresión antiperonista.

Esta idea retorna, sin dudas, para acotar el espacio de las mayorías y disminuir el margen de seducción del gobierno nacional sobre la clase política provincial, basando los argumentos en supuestos de especificidad y localía. Si se recorre esta senda como racional, la provincia quedará nuevamente aislada del plan de gobierno nacional, por la inhibición a las articulaciones políticas y culturales posibles, fruto de este disciplinamiento que ejerce la operación mediática.

Más allá de las necesidades particulares o incluso de las creencias de quienes lo enuncian así, lo cierto es que este enfoque niega los estudios sobre kirchnerismo realizados del 2007 a la fecha, como también revela una miopía frente a los gestos políticos que actualizan los estudios sobre el gobierno anterior a Macri en clave de reactualización del clivaje peronismo-antiperonismo.

Parece que hay que decirlo, escribirlo, insistir con la afirmación lógica: el kircherismo es peronismo, y si alguien es anti-k es antiperonista, ergo macrista (o otra cosa pero no peronismo). 

Fernando Chavez, Dr. en Ciencias políticas, sostiene, de un modo profundamente argumentado en su trabajo de tesis doctoral,  que la categoría de clivaje es descentrada y sobredeterminada, por lo cual su carácter persistente no tiene la forma de una repetición sino de una iteración. Lo que nos permite explicar porque el kirchnerismo no es sino un peronismo reactualizado. 

Dice Chavez: " “ (...) No hay lo verdadero o esencial en los polos del clivaje que se reproduzca de manera literal en todo momento. Lo que tenemos ahora son atravesamientos, desplazamientos y condensaciones que van moldeando y extendiendo el sentido del clivaje transgrediendo sus usos primigenios. Como efecto de esto, el clivaje ya no puede ser encapsulado en un conjunto de tópicos que le serían nucleares sino que discurre hacia temáticas diversas poniendo en evidencia el intento siempre fallido por limitarlo (…) Debemos pensar al kirchnerismo como un proceso político, no como una relación de exterioridad con el peronismo o un conjunto de dirigentes que hacen uso instrumental de las banderas del peronismo. El kirchnerismo es una experiencia durante la que se reactiva el clivaje peronismo-antiperonismo y se desplazan sus significaciones excediendo la literalidad. (…)” 

Volver instalar algo así como una "ancha avenida al medio", donde viven, por ejemplo, los insulares cordobeses, es ponerle techo a la integración de la provincia a un plan político mejor articulado que los anteriores con una clara subestimación de la idea de clivaje. Estos contorsionismos conceptuales y políticos que vuelven vestidos de análisis racionales (sic) redundan en una reactivación del antagonismo del peor: basado en parcialidades, prejuicios de género, problemas de estilo, etc. En síntesis, y para cerrar, sostenemos que hablar de peronismo anti-k es una estrategia con la cual las elites políticas locales deciden en función de sus intereses de qué manera trazar la frontera en el escenario político.

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