martes, 26 de mayo de 2020

Pool de encuestas y cambio de etapa



A partir del último anuncio presidencial (23/05) de extensión sectorizada y segmentada de la cuarentena a nivel nacional, el gobierno ingresa a una nueva etapa en la que el combate a la propagación del virus tendrá criterios más segmentados por zonas. Es probable que nos acerquemos a un escenario en el cual los anuncios nacionales serán cada vez más focalizados, por lo tanto, más susceptibles de ser interpretados desde diferentes realidades. Resulta interesante entonces efectuar un balance sobre la performance del gobierno en los últimos dos meses, en los que el país se encontró cumpliendo con el aislamiento social preventivo y obligatorio de manera casi total, y tomarlo como punto de partida hacia esta nueva etapa.
Analizando un pool de encuestas[1], de diferentes consultoras, puede concluirse como diagnóstico general que hubo una amplia aceptación de las medidas contra la Covid-19 durante abril y mayo. Esto es interesante porque, a diferencia de los medios de comunicación, las agencias de investigación no suelen sincronizarse en sus diagnósticos, ya que se ajustan más a lo que se conoce como clima de opinión mientras los medios se ajustan más bien a las agendas (políticas e intrínsecamente mediáticas). La aprobación de las medidas de combate fue contundente durante abril y mayo, se mantuvieron en un rango que va de los 73 a los 90 puntos de aprobación (guarismos comparables solo con la Asignación Universal por Hijo, que en sus momentos de máxima aprobación - 2011 - rondó el 70%).
Otro dato que arrojan las distintas encuestas es el efecto arrastre que tuvieron las medidas contra la Covid-19 en la imagen de Alberto y del gobierno. Ambos indicadores aumentaron durante el periodo más crítico de cuarentena, traccionados por el apoyo que alcanzaban las medidas contra la pandemia.
A continuación presentamos un cuadro de dispersión que cruza la aprobación de medidas contra la pandemia e imagen del presidente y de gobierno. Las imágenes están presentadas en NPS. El NPS es un indicador de aprobación más exigente que la diferencia entre imagen positiva e imagen negativa, ya que incluye a los neutros en su base[2] Un NPS por arriba de 0 es bueno, mientras que uno por arriba de 50 es considerado excelente. En general, tanto Alberto como su gobierno se mantuvieron por arriba de 50 en su NPS, lo que representa un récord político bastante inusual.
Gráfico 1: evaluación de las medidas contra Covid-19 e imagen de Alberto Fernández con fecha del último día de campo




Gráfico 2: evaluación de las medidas contra el Covid-19  e imagen de gobierno con fecha del último día de campo



Si bien se observa cierta dispersión en los datos, propio de lo sensiblemente cambiante que es la opinión pública y la poca exactitud del instrumento empleado en las mediciones (IVR), lo cierto es que en la mayoría de ellas las aprobaciones se ubican cerca o por arriba de la línea de 50 puntos de NPS, es decir, en la zona del muy bueno o por encima de lo que se considera excelente. Esto hace, cualitativamente, menos significativa las diferencias entre las mediciones.
 Por otro lado, en las encuestas analizadas se observa también que el acuerdo con la continuidad de la cuarentena es alto, entre 79 y 87 puntos. Probablemente esto tenga cierto sesgo perceptivo por parte de los respondientes, ya que el método de recabación IVR suele establecer una comunicación telefónica a los teléfonos fijos domésticos, es decir que probablemente respondieron en mayoría personas que se encontraban cumpliendo la cuarentena en el hogar al momento de responder. Aún así, restando algunos puntos por sesgo, el apoyo a la continuidad es bastante alto.
Podemos decir entonces que, pese a los errores que pudieran haberse visibilizado, la respuesta del gobierno frente a la pandemia es bien valorada desde su inicio, lo cual le valió para cosechar apoyo a niveles extraordinarios. Estos niveles de apoyo, hoy, son un soporte suficiente para profundizar las medidas existentes (como prorrogar la cuarentena o establecer cordones sanitarios), como también para el desembarco de nuevas medidas, inclusive aquellas de fácil ataque por parte de la oposición como el impuesto a la riqueza.
El gobierno entra en una fase en la cual probablemente sus niveles de aceptación “caigan”, pero esto sería que bajen a niveles muy buenos, saliendo de la zona de excelencia. Y si bien dejará blancos descubiertos en lo que hace a la respuesta frente a la pandemia, también podrá efectuar cambios transformadores haciendo uso del apoyo ganado y de cierto efecto disciplinador que despertó la sensibilidad a la información oficial durante la cuarentena. Por último, llegado el caso de que las buenas decisiones demostraran (a posteriori) no haber sido suficientes, y el crecimiento de contagios se salga de control; aún así el gobierno, en ese que es el peor de los escenarios, cuenta con un nivel de aprobación suficiente y cierto margen para no caer inmediatamente a niveles de aprobación regulares o negativos. En contraposición, la oposición deberá trabajar arduamente si aspira a incrementar su magro nicho de aprobación.




















[2] NPS = (“promotores” – “detractores”) / “total de encuestados con opinión”.